Literatura Infantil y géneros literarios

Corpus textual

La Literatura Infantil como corpus diferenciado en el conjunto de la literatura se ha formado en un proceso de siglos. Distinguiremos dos grandes grupos: 

  1. a) La literatura no creada para los niños, pero que ellos han hecho suya. Es la literatura denominada «ganada», «recuperada», en definitiva, la «adoptada» por los niños. Son las creaciones (orales y escritas) que no nacieron para ellos, pero que, a lo largo del tiempo, se han apropiado y también las que los adultos les destinaron, previa adaptación no siempre afortunada. Aquí se incluyen en primera fila los cuentos populares tradicionales y la poesía folclórica, también el mundo de las fábulas y muchas novelas, especialmente las de aventuras. Es el caso de los cuentos recogidos por Perrault, los Hermanos Grimm o Afanasiev; las nanas, coplas, adivinanzas, retahílas, canciones de juego… que forman el repertorio folclórico del pueblo; las múltiples versiones que se han hecho de relatos aventureros: La isla del tesoro (Stevenson), El libro de la selva (Kipling), Robinson Crusoe (Defoe), Los viajes de Gulliver (Swift) y casi la obra completa de Julio Verne, Emilio Salgari, Jack London o Melville. También obras del realismo decimonónico (Dickens, Marc Twain) que tienen a los niños como protagonistas. 
  2. b) La literatura creada para los niños, dedicada expresamente a ellos bajo la forma de, cuentos, novelas, poemas, obras de teatro, historietas, libros de imágenes. En su intento de adecuación al niño los adultos, durante muchos años, le han ofrecido literatura bajo el viejo lema de Comenius (1658) de «instruir deleitando» y la finalidad didáctica de prepararle como hombre del mañana. Esos libros aburridos y fastidiosos no perduran. En cambio permanecen relatos muy antiguos nacidos de la imaginación porque el niño siempre ha sabido defenderse de las lecturas edificantes. Aquí se encuentran clásicos de la literatura infantil universal como Andersen, Collodi, Lewis Carroll, Richmal Crompton o James Barrie con sus inolvidables relatos: El patito feo, Aventuras de Pinocho, Alicia en el país de las maravillas, Aventuras de Guillermo y Peter Pan. Y todos los autores actuales que crean una literatura basada en lo que el niño es y no en lo que se pretende que sea, dirigida a darle placer y respuesta a su problemática vital. Se editan con regularidad catálogos y guías bibliográficas que seleccionan las mejores obras de la cuantiosa producción actual. Son recomendables los de la Asociación de Maestros Rosa Sensat, Fundación Germán Sánchez Ruipérez y la Internationale Jugend Bibliothek, así como los de las revistas especializadas Bookbird, Nous voulons lire, CLIJ o Peonza. 

Para las primeras edades, pero con incursiones cada vez más frecuentes en otras etapas, es muy importante la producción actual basada en las imágenes y los recursos y novedades gráficas, con texto muy reducido o inexistente, que se dirige a la globalidad cognitiva y sensoperceptiva del niño para introducirlo de forma lúdica en el mundo de la lectura. Todo un mundo de sugerencias en torno a los álbumes figurativos, los relatos ilustrados y los libros-juguete: libros musicales, con bichitos, realizados con un material distinto en cada página, libros -teatro, libros acordeón, libros puzzle, lavables, hinchables… 

Finalmente, en esta delimitación del corpus hay que hacer de nuevo mención expresa a ciertas obras destinadas al público infantil, generalmente presentadas en series y con abundantes ilustraciones, cuyos protagonistas pasan por variados escenarios y situaciones del entorno cotidiano: el mercado, la playa, el zoo, el colegio… Constituyen, efectivamente, una instrumentalización didáctica del libro para niños con la finalidad de ofrecer información y conocimientos de modo atractivo, pero, en su mayoría, no son propiamente literatura infantil porque los objetivos didácticos sobrepasan con mucho sus logros estéticos. La presencia masiva en la biblioteca escolar de estas obras pseudoliterarias sobrepasa con frecuencia las de la literatura adoptada y los buenos libros de la creada. Ello es reflejo de una visión confusa sobre lo que es y no es literatura infantil y también testimonio de la sempiterna finalidad didáctica, todavía no superada, que continúa condicionando la postura de muchos educadores y el carácter de su mediación entre la literatura y el niño. Contra ella debemos alertar a los nuevos profesores. 

Los géneros en la literatura infantil 

Los géneros literarios son los distintos grupos o categorías en que podemos clasificar las obras literarias atendiendo a su contenido. Los géneros literarios son técnicas expositivas singulares, ligadas a ciertas leyes de forma y contenido de carácter histórico o no, a las que se someten las obras literarias. Dentro de cada género surgen sub-géneros o géneros menores, algunos de ellos sólo válidos en ciertos momentos históricos. La obra narrativa es aquella en la que un narrador, a través de un discurso oral o escrito, relata una historia, destinada a oyentes (como en la epopeya griega o en los cantares de gesta medievales) o lectores (como en la novela moderna). 

La primera clasificación de los géneros literarios pertenece a Aristóteles, quien los redujo a tres: épica, lírica y dramática. El primero ha extendido su significado, al incluir la novela, a la noción más amplia de narrativa. Pero el género se va conformando históricamente. Por tanto, resulta muchas veces difícil fijar rígidamente los límites entre lo propiamente narrativo o épico- narrativo, lo lírico o poético y lo dramático o teatral. 

En la actualidad, por consenso, se utiliza

– Poesía: épica, lírica, doctrinal. 

– Teatro. 

– Narrativa: novela, cuento, leyenda, apólogo. 

– Ensayo. 

– Artículos periodísticos. 

– Comics y tebeos. 

Poesía. Obra escrita en verso o en prosa poética. Hoy se entiende por obra poética lo que tradicionalmente era la épica o lírica: composiciones sujetas, por lo general, al artificio del ritmo verbal, métrica, a la composición en verso libre o la escrita en prosa lírica. 

– Épica: o Epopeya, poema extenso de la Antigüedad que narra en tono elogioso las hazañas 

reales o maravillosas de un héroe. La Iliada. 

o Poema épico, a imitación de las epopeyas, los autores compusieron largos poemas exaltando una gesta nacional o personal. 

o Cantar de gesta, en la Edad Media se compusieron poemas épicos de transmisión oral destinados a ensalzar las hazañas de un héroe local o nacional. El cantar de Mío Cid. 

o Romance, es un poema breve que en sus orígenes resumía partes relevantes de los cantares de gesta. El romance se ha cultivado hasta nuestra época. 

– Lírica: o Himno, destinado al canto coral, es una composición solemne que expresa sentimientos 

colectivos. Novena Sinfonía de Beethoven. 

o Oda, composición poética del género lírico, que admite asuntos muy diversos y muy diferentes tonos y formas y se divide frecuentemente en estrofas o partes iguales. 

o Elegía, expresa sentimientos de dolor causados por una muerte o por cualquier calamidad. 

o Égloga, presenta temas amorosos en un ambiente bucólico, en el que suelen ser protagonistas pastores y pastoras idealizados. 

o Canción, era un poema amoroso de origen trovadoresco, que terminaba con una estrofa breve o envío aludiendo al propio poema. 

o Sátira, vicios, defectos, fallos individuales o sociales son censurados en forma breve y humorística. Quevedo. 

o Madrigal, poema breve de tema amoroso. 

o Epigrama, una idea ingeniosa, muchas veces satírica, que se recoge en un poema brevísimo. 

– Poesía doctrinal. 

o Epístola, frecuentemente con planteamiento de carta, haciendo evidente el destinatario, el autor aborda en un poema extenso un tema doctrinal, filosófico, moral o satírico. 

o Fábula, en figuras de animales se personifican conductas humanas mediante anécdotas que terminan siempre en una moraleja. 

Teatro. Escenifica un acontecimiento real o inventado. (Se verá de forma mas detallada en la unidad de trabajo correspondiente a la expresión corporal). Antes era clasificado como Dramática, el espectador ve representada la historia por actores. El género dramático comprende aquellas obras literarias destinadas a ser representadas ante un público. Las obras dramáticas pueden estar escritas en verso o en prosa. El recurso fundamental del género dramático es el diálogo que entablan los personajes en distintas circunstancias del desarrollo de la acción. Las principales formas de la dramática son: 

La tragedia, la comedia y el drama. 

– Géneros dramáticos mayores 

o Tragedia, el héroe sostiene una lucha con el destino, ante el cual inexorablemente sucumbe. 

o Comedia, conflictos, inseguridades y situaciones equívocas de la vida cotidiana se resuelven en un ambiente desenfadado. 

o Drama, presenta un conflicto doloroso, como en la tragedia, que conmueve y dicta la acción de los personajes, pero éstos se muestran más humanos y cotidianos que el héroe trágico. 

– Subgéneros teatrales 

o Auto sacramental, es una pieza de carácter religioso y alegórico en torno a las verdades del dogma católico. 

o Entremés, en los entreactos de las comedias se representaban entremeses que tenían por objeto llenar el tiempo que se precisaba para cambiar el escenario. 

o Sainete, personajes populares que desarrollan una acción cómica en un ambiente marcadamente costumbrista. 

Subgéneros del teatro lírico, con este nombre se conocen géneros dramáticos en los que se incluyen canto y música. 

o Ópera, es una obra totalmente cantada. 

o Opereta, con partes musicales y otras declamadas, ofrece argumentos desenfadados. 

o Zarzuela, género de origen español en el que alternan partes cantada y otras declamadas. 

Narrativa, de forma bastante elemental podemos decir que al género narrativo pertenecen las obras en las que se relatan acontecimientos reales o ficticios. El género narrativo cuenta con ciertos elementos característicos. Relatos en prosa, cuentan historias reales o ficticias. Si se trata de un hecho real se habla de historia y si se refiere a un hecho inventado hablamos de cuentos. Los géneros narrativos son: 

Novela, se entiende por novela el relato extenso de una acción fingida en todo o en parte, en el cual se describen ambientes, se narran hechos y se analizan las conductas y los sentimientos de los personajes. 

El mito es un relato que explica un hecho acaecido en un mundo anterior al nuestro. Los protagonistas de los mitos son los dioses, semidioses o héroes y los temas que tratan sirven para decir que el origen del mundo se debe a la intervención de seres sagrados. 

Leyenda, a partir de un hecho histórico o seudo histórico, se construye un relato de ficción en el que predomina la expresión de lo maravilloso. Es un relato que explica un hecho extraordinario ligado al sistema de creencias de la comunidad que las cuenta. La leyenda tiene apariencia de realidad, por lo tanto es creíble. A menudo las leyendas expresan el temor humano ante lo que les es desconocido o sobre determinados peligros que pueden amenazar de forma previsible su vida. 

Por eso muchas leyendas presentan situaciones en que el ser humano se enfrenta a la muerte, a los espectros, a la enfermedad, etc. Excalibur, Robin Hood, San Jorge son ejemplos típicos de leyendas. 

Apólogo, cuento que trasmite códigos de conductas y normas morales, igual que la fábula termina siempre en una moraleja. 

Cuento, relato breve y condensado de una ficción fingida en todo o en parte. Aparece en todas las civilizaciones que esta forma de expresión responde a unas necesidades del ser humano. La duración no excesiva es una de sus características. Los cuentos son una antiquísima forma de literatura popular de transmisión oral que continúa viva en la sociedad, su comunicación supone la activación de aspectos emocionales y fantásticos. (Se verá más detalladamente en el siguiente apartado). 

Ensayo. El autor reflexiona sobre un tema. Es una exposición no muy extensa en prosa sobre un tema perteneciente a alguna de las ramas del saber, expresado de forma amena, con agudeza y originalidad. Ha servido para reflexionar sobre los problemas de la sociedad y el individuo. 

Artículos periodísticos. El periodista trata de transformar la realidad cotidiana en objeto de expresión estética. El autor expone su pensamiento sobre cualquier tema de actualidad. Es más breve que el ensayo. 

Comics y/o tebeos. Género que combina la imagen y la palabra, ayudando a visualizar la historia que está narrando. 

Otras clasificaciones: 

Ficción: Literatura fantástica 

Cuento de hadas 

Literatura de caballerías 

Literatura gótica 

Ciencia ficción o anticipación. 

Terror moderno 

Fantasía heroica 

Novela: Novela morisca 

Novela pastoril 

Novela bizantina 

Novela de aventuras 

Novela del oeste 

Novela de piratas 

Novela de espionaje 

Novela lírica 

Novela por entregas 

Novela romántica 

Novela picaresca 

Novela histórica 

Novela de humor 

Novela de terror 

Novela policíaca 

Novela negra 

Literatura erótica 

No ficción

Biografía, crónica, ensayo, manuales de autoayuda 

La difícil intencionalidad de un género 

Existe la Literatura Infantil en cuanto existe un sujeto niño que bebe en la fuente del arte según su sed particular. 

Para que los adultos cedieran a la infancia una zona propia de existencia, señala Enzo Petrini (1981, 21) fue preciso todo un movimiento emocional y una conciencia más clara de los derechos del individuo. Hoy existe un conocimiento teórico que le afirma como ser diferenciado del adulto, como una realidad particular que posee un mundo autónomo y unas necesidades propias. Sin embargo, todavía es poco frecuente que se reconozca con respeto y desde la igualdad el mundo de los niños. Escribir para ellos es una aventura arriesgada que exige de los adultos una difícil comunicación con el universo infantil, el que les pertenece verdaderamente, no aquel inventado por los mayores, lleno de paternalismo y pedagogía, al que en tantas ocasiones se les quiere conducir con los libros. El escritor uruguayo Eduardo Galeano (1995) denuncia en la literatura que los adultos han hecho y hacen para los niños la relación de poder y la imposición del miedo a la libertad: 

«El problema radica en que el adulto es mudo con relación al niño. Y es mudo porque es sordo. Entonces, como es incapaz de escucharlo es incapaz de decirle». 

Frente a esta actitud, la clave se situaría en una relación de respeto y de horizontalidad y en compartir con él un espacio humano -ni adulto, ni infantil- que es el espacio de la capacidad de asombro, de la capacidad de magia, de la capacidad de vivir cada cosa como si fuera la primera vez. 

Por otro lado, la peculiaridad del niño como receptor estético diferenciado resulta bastante problemática de caracterizar (Sánchez Corral, 1992, 1995). 

El propósito de escribir para este destinatario singular encierra variadas dificultades, mezcla de aspectos literarios y psicopedagógicos. 

La cuestión es si la literatura que se les ofrece acierta con los gustos estéticos y ofrece cauces a las pulsiones emocionales y necesidades afectivas de los niños. Es el intento de adecuación al mundo de los niños lo que explica ciertos rasgos particulares que en alguna medida singularizan esta literatura. La descripción de los mismos, no obstante, resulta difícil debido a la complejidad misma del proceso de comunicación y del propio lenguaje literario. Con todo, nos parece necesario en la formación de los maestros abordar un primer acercamiento al tema. La determinación de tales rasgos se enfrenta con las mismas incógnitas que sobre esta cuestión se han planteado en la teoría de la literatura. No existe una clave dada que distinga con exactitud los criterios de lo que es una buena obra literaria, no hay una definición normativa al respecto. «¡Felizmente!» como dice Bernard Epin (GFEN, 1978, 131). 

Pero, además, si toda la literatura es un acto de comunicación entre autor-receptor que implica una problemática, el condicionamiento que pueda suponer sobre el autor el destinatario de la obra tiene aquí relieve singular al ser el autor un adulto y el receptor un ser en compleja evolución personal. Sí parece imprescindible ofrecerle algo que «no le aburra nunca» (Held, 1985, 53), que pueda comprender y que a la vez amplíe su campo imaginativo y su experiencia (Jesualdo, 1967, 37). Discurso enriquecedor y gratificante que no es producto de la identificación del adulto con su personaje o de una recreación nostálgica de su propia infancia, como rebate Merlo (1976, 47), sino de la identidad de enfoque vivencial entre el artista y el niño lector: 

«El personaje de una ficción infantil puede ser niño o adulto, cándido o perverso, pero debe estar visto con ojos de niño, concebido con una imaginación de niño, revivido según los cánones vitales propios de los niños». 

La satisfacción de las exigencias de este público impone, pues, ciertas condiciones. Queremos destacar en esa meta los siguientes aspectos concretos: 

Estilo literario bajo cierta orientación intencional para que el mensaje resulte comprensible sin caer en la penuria del léxico ni en el reduccionismo de las ideas. Vocabulario rico y estimulante, no limitado a los términos usuales y conocidos. Extensión dentro de límites asequibles. Claridad y sencillez que no es sinónimo de pobreza y obviedad y exige un tratamiento literario depurado. 

– Uso de recursos centrados en el uso intensivo del lenguaje como juego verbal: rimas insistentes, relatos ilógicos, nonsense, versificaciones absurdas, asonancias divertidas, asociaciones sonoras agradables, palabras inventadas… 

– Progresión constante del argumento para mantener la intriga, uso amplio del diálogo y descripciones plásticas y breves. 

¿Todos los temas? No existe acuerdo unánime, pero cada día se reducen los temas-tabú. «No hay temas infantiles y temas adultos», opina Michael Ende (cit. por López Tamés, 1985, 17). Lo cierto es que hoy existe una gran amplitud temática que incluye el sexo, la guerra o la muerte, y se han derribado muchas barreras ideológicas (Lage, 1991; Colomer, 1992). Es bastante general la creencia de que hace falta presentar la realidad desde el prisma del niño y con alguna forma de protagonismo por su parte en la historia (Gómez del Manzano, 1987). En cualquier caso, siempre un tratamiento peculiar, «una distinta manera de contar», como dice el citado autor de La historia interminable

Una exigencia psicopedagógica es que en el desenlace de los conflictos se produzca la domesticación de lo temible que supone la victoria del bien, la derrota y el castigo del mal, el final feliz (Bettelheim, 1977; Meves, 1978; Held, 1981, López Tamés, 1985). Ello como reflejo de la adecuación a una etapa de desarrollo infantil (hasta los 12 años aproximadamente) y como respuesta a su problemática existencial. 

Un libro es netamente infantil, apunta Graciela Perriconi (1983), si logra enlazar los elementos contradictorios y concretos que constituyen el universo del niño con las posibilidades reales o fantásticas de la creatividad y si el modelo de identificación que propone funciona de manera adecuada. 

También, consideramos: 

Originalidad del texto, asentada en la unidad, armonía y equilibrio de sus partes (Desrosiers, 1978, 28). 

Renovación permanente del interés mediante la implicación emocional del niño en lo que lee (Monson y McClenathan, 1989, 82). 

Peso de la fantasía, más necesaria que en la literatura de adultos, tal vez como respuesta a su pensamiento mágico y a las limitaciones de su conocimiento y experiencia. 

La ilustración como enriquecimiento del texto, especialmente para los niños que se inician en la lectura (Petrini, 1981, 126; Nobile, 1992, 170). 

En definitiva, creemos, hace falta una buena historia y un tratamiento acertado que una el interés del argumento con la belleza de la palabra y la solución implícita y satisfactoria de los problemas que le inquietan. La literatura tiene que proporcionarle el acceso a un sentido más profundo de la vida y ayudarle a clarificar sus emociones y conflictos, ofreciéndoles soluciones comprensibles en su estadio de desarrollo. Una literatura lejos del didactismo, la ñoñería y el simplismo y que aspire a proporcionar a los niños placer estético, afirmación y equilibrio. 

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