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El teatro infantil. Teatro infantil y juvenil. El teatro para niños y niñas. Teatro y la escuela

El teatro y el niño. Componentes que intervienen en el discurso teatral. El teatro infantil: rasgos peculiares. El teatro de los niños. El teatro para los niños. El teatro y la escuela. Teatro en Educación Primaria.

LA PRECARIEDAD DE UN SECTOR EDITORIAL 

Se puede afirmar, sin temor a exagerar, que el teatro para niños y jóvenes es el género literario peor tratado por el sector editorial de nuestro país. “Cenicienta de la literatura infantil” lo denominó Juan Cervera [1] , a lo que se suma el hecho de que el teatro ya es de por sí la “Cenicienta” de la literatura. Y en estrecha relación con lo que sucede en el ámbito editorial, también en las aulas, la literatura dramática cuenta con una presencia considerablemente menor que la poesía y, sobre todo, que la narrativa. 

Esta situación no es nueva; ya en 1967, en el marco del primer Congreso de la AETIJ, Aurora Díaz Plaja presentó una comunicación, titulada “El teatro, este género difícil de editar”, en la que denunciaba el desequilibrio que existía entre la oferta y la demanda, dado el “escaso número de obras teatrales editadas y la constante demanda de las diversas personas dedicadas a la cultura infantil: maestros, párrocos, bibliotecarias, jardineras de infancia y padres de familia” [2] . Esta autora reunió una bibliografía de obras publicadas que constaba de unos sesenta títulos, cantidad que calificaba de “ridícula en comparación de los seis mil títulos que forman la producción actual de la literatura infantil y juvenil en España” [3] . Unos años más tarde, Juan Cervera, al escribir su Historia Crítica del Teatro Infantil Español, hablaba de “la penuria” que existía en aquel momento en la edición de textos, y de la “dispersión de los libros publicados”, además de cuestionar la calidad de lo que se publicaba: “el gran problema del teatro infantil español es la carencia de textos de calidad y vigentes”[4] . Ya en los noventa, este autor insistía en el desequilibrio entre los distintos géneros: 

Al estudiar los contactos del niño con la Literatura Infantil se propone que éstos sean equilibrados entre los distintos géneros. Es decir, que estos beneficien no sólo a la narrativa, sino también al teatro y a la poesía, por lo menos. […] 

Pero lo cierto es que los contactos cuidados y fomentados en la escuela, en la práctica, se limitan a la narrativa a través de la lectura. Prueba irrebatible de ello es que apenas se publican libros de poesía y de teatro para niños [5]

En nuestros días, la edición de libros de teatro para niños apenas llega a la treintena de títulos al año, cuando la producción anual de libros de literatura infantil y juvenil supera los diez mil títulos anuales [6] , por lo que no puede decirse que la situación, comparativamente hablando, haya mejorado desde los tiempos en que Aurora DíazPlaja hablara en los términos antes citados. 

En relación con esta escasez de textos, encontramos una presencia casi nula de traducciones y de reediciones. En cuanto a las primeras, basta con echar un vistazo a la bibliografía que se incluye en el Anexo I para ver que la práctica totalidad de los autores son españoles y actuales; 

si en principio una proporción mucho mayor de estos textos resulta lógica y deseable (lo contrario sería igualmente empobrecedor, como está ocurriendo en el teatro de adultos), la casi total ausencia de traducciones nos impide conocer el teatro que se hace en otros países y enriquecer así nuestra propia tradición de teatro para niños. En cuanto a las reediciones, nos encontramos con que las grandes obras del teatro para niños del siglo XX, salvo algunas excepciones, han dejado de ser accesibles en forma de libro. 

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Rasgos característicos de la poesía infantil. La poesia y los niños. El lenguaje poético y la infancia.

La poesía y los niños.

El lenguaje poético y la infancia. Rasgos característicos de la poesía infantil. Poesía de tradición oral. Poesía de autor. Poesía y creatividad infantil. La poesía en la escuela. Actividades prácticas.

Breve aproximación al tratamiento de la poesía en el aula 

Tal y como se menciona en el tema 1, no es hasta los años ochenta cuando se reconoce la importancia de la literatura en la escuela. Ahora bien, no todos los géneros literarios han sido desarrollados de igual manera. Muchos autores señalan el papel secundario que se le ha otorgado a la poesía a pesar de su importancia en la formación del niño. En este sentido, Pérez Daza (2011)5 señala que, a pesar de que la poesía es un género importantísimo a la hora de desarrollar las competencias lectora, escrita y literaria de los jóvenes en edad escolar, ha sido casi siempre olvidado. Selfa, M. y Azevedo, F. reclaman la necesidad de “reivindicar este género como clave en la educación literaria del público más joven” (2013, p. 57). Hay autores que aún van más lejos en esta idea. Por ejemplo Martín, P. A. y Coello, A. Ma. (2003, p. 118) parafraseando a Víctor Moreno (1998) escriben “¿quién conoce una sola aula donde se lea y escriba poesía con la misma intensidad y consideración curricular que se lee y escribe narrativa?” 

Cuando hablamos de poesía no estamos refiriéndonos sólo a la lectura del texto literario, sino a toda su dimensión expresiva, especialmente la oralidad y la musicalidad. Este género, junto con el teatral, permiten desarrollar de una manera especial las competencias relacionadas con la expresión oral, fundamental en la comunicación humana. Trigo, J. M. (1988) ya remarcaba que este aspecto de la lengua oral “ha sido siempre la cenicienta en el proceso de enseñanza-aprendizaje de la lengua materna”. Este mismo autor incidía aún más en esta idea, reclamando que debemos poner de manifiesto la capital importancia que supone para el alumno desarrollar una buena competencia en la comprensión y expresión de su lengua hablada, lo cual es responsabilidad de la escuela. Para Martín, P. A. y Coello, A. Ma. (2003): El salto a la palabra escrita se vuelve para muchos traumático. La musicalidad y el juego son sustituidos por los tan conocidos métodos de comentario de texto que nos llevan por caminos alejados de la intuición poética e impiden que el alumno sienta como suyo el texto literario. (p. 118) 

Estas ideas aparecen reflejadas actualmente en el enfoque comunicativo de la enseñanza de la lengua. Algunos impulsores de este modelo como Cassany, D. (2005), señalan que tradicionalmente la lengua se ha considerado un conjunto cerrado de contenidos recogidos en la gramática. Frente a este paradigma, proponen otro enfocado a “mejorar capacidades de comprensión y producción textual de los estudiantes y desarrollar sus capacidades como oyentes y hablantes reales” (Zebadúa, M. L. y García, E., 2012, p. 17). Si bien es verdad que la poesía ha formado parte de los currículos educativos desde los Programas Renovados de la E.G.B (M.E.C.:1980), en la práctica estos quedaban en poco más “que una manifestación de buenas intenciones” (GómezVillalba, E., 1993, p. 109). La poesía infantil moderna ha tenido un escaso desarrollo en nuestro país y su papel se ha dejado muchas veces en manos del folclore (Colomer, T., 2010). A pesar de que, como se ha visto, la poesía viene siendo reconocida en los currículos oficiales desde hace más de treinta años, la realidad es que ha estado supeditada a la voluntad del profesor, a sus propias experiencias y formación. Esto ha provocado que, unas veces por ignorancia, otras por miedo o por desidia, la poesía ha sido la gran olvidada en las aulas. Para Gómez, F. E. (1993) en este sentido hemos de valorar la falta de sensibilidad estética de una buena parte de los docentes, así como el mínimo cultivo que del arte de la lengua se practica, amén del desconocimiento general de los principios esenciales de la creación literaria y de los recursos didácticos aplicables a la poesía. 

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Literatura Infantil: géneros literarios

Literatura Infantil y géneros literarios

Corpus textual

La Literatura Infantil como corpus diferenciado en el conjunto de la literatura se ha formado en un proceso de siglos. Distinguiremos dos grandes grupos: 

  1. a) La literatura no creada para los niños, pero que ellos han hecho suya. Es la literatura denominada «ganada», «recuperada», en definitiva, la «adoptada» por los niños. Son las creaciones (orales y escritas) que no nacieron para ellos, pero que, a lo largo del tiempo, se han apropiado y también las que los adultos les destinaron, previa adaptación no siempre afortunada. Aquí se incluyen en primera fila los cuentos populares tradicionales y la poesía folclórica, también el mundo de las fábulas y muchas novelas, especialmente las de aventuras. Es el caso de los cuentos recogidos por Perrault, los Hermanos Grimm o Afanasiev; las nanas, coplas, adivinanzas, retahílas, canciones de juego… que forman el repertorio folclórico del pueblo; las múltiples versiones que se han hecho de relatos aventureros: La isla del tesoro (Stevenson), El libro de la selva (Kipling), Robinson Crusoe (Defoe), Los viajes de Gulliver (Swift) y casi la obra completa de Julio Verne, Emilio Salgari, Jack London o Melville. También obras del realismo decimonónico (Dickens, Marc Twain) que tienen a los niños como protagonistas. 
  2. b) La literatura creada para los niños, dedicada expresamente a ellos bajo la forma de, cuentos, novelas, poemas, obras de teatro, historietas, libros de imágenes. En su intento de adecuación al niño los adultos, durante muchos años, le han ofrecido literatura bajo el viejo lema de Comenius (1658) de «instruir deleitando» y la finalidad didáctica de prepararle como hombre del mañana. Esos libros aburridos y fastidiosos no perduran. En cambio permanecen relatos muy antiguos nacidos de la imaginación porque el niño siempre ha sabido defenderse de las lecturas edificantes. Aquí se encuentran clásicos de la literatura infantil universal como Andersen, Collodi, Lewis Carroll, Richmal Crompton o James Barrie con sus inolvidables relatos: El patito feo, Aventuras de Pinocho, Alicia en el país de las maravillas, Aventuras de Guillermo y Peter Pan. Y todos los autores actuales que crean una literatura basada en lo que el niño es y no en lo que se pretende que sea, dirigida a darle placer y respuesta a su problemática vital. Se editan con regularidad catálogos y guías bibliográficas que seleccionan las mejores obras de la cuantiosa producción actual. Son recomendables los de la Asociación de Maestros Rosa Sensat, Fundación Germán Sánchez Ruipérez y la Internationale Jugend Bibliothek, así como los de las revistas especializadas Bookbird, Nous voulons lire, CLIJ o Peonza. 

Para las primeras edades, pero con incursiones cada vez más frecuentes en otras etapas, es muy importante la producción actual basada en las imágenes y los recursos y novedades gráficas, con texto muy reducido o inexistente, que se dirige a la globalidad cognitiva y sensoperceptiva del niño para introducirlo de forma lúdica en el mundo de la lectura. Todo un mundo de sugerencias en torno a los álbumes figurativos, los relatos ilustrados y los libros-juguete: libros musicales, con bichitos, realizados con un material distinto en cada página, libros -teatro, libros acordeón, libros puzzle, lavables, hinchables… 

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William Shakespeare y su época. Renacimiento y Barroco

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Actividad orientativa para la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) en la asignatura Literatura Universal. Esta actividad aparecerá enunciada de la siguiente manera: «William Shakespeare y su época (puntuación máxima: 2 puntos)».

BIOGRAFÍA

Como apreciamos por las fechas, W. Shakespeare está presente tanto en el Renacimiento como en el Barroco. Nacido en 1564. Hijo de un próspero comerciante, sabemos que se casó a los dieciocho años y que tuvo varios hijos. Diez años más tarde (1592), lo encontramos en Londres cosechando sus primeros triunfos como actor y autor.

Debió pertenecer a distintas compañías antes de entrar en la protegida por el lord Chambelán. A partir de entonces, comienza su éxito. Pronto consigue montar su propia compañía, instalada en el Teatro del Globo a partir de 1599.

En estos años, Shakespeare ha ido enriqueciendo su arte en más de una docena de diversas obras, con predominio de las piezas históricas y de la comedia, elevada hasta a calidades eminentes como en La fierecilla domada o El sueño de una noche de verano.

A partir de 1600, su obra se hace más grave. Vienen sus comedias llamadas “sombrías” (A buen fin no hay mal principio) pero, en 1608, la “etapa sombría” termina; vuelve a la comedia, al final feliz (La tempestad).

Shakespeare se retira entonces y pasa sus últimos años en su ciudad natal, en donde le llega la muerte el día en que había de cumplir cincuenta y dos años. Ese mismo día muere en España Cervantes.

ÉPOCA DE SHAKESPEARE

En torno al siglo XIV la cultura medieval comienza a transformarse gracias a los primeros humanistas italianos, volviendo su mirada hacia el mundo clásico y sus valores. Pero no será hasta entrado el siglo XV cuando podamos realmente hablar del Renacimiento, aunque únicamente en Italia, puesto que este novedoso movimiento no llegó a los demás países europeos hasta principios del siglo XVI.

Este esquema comienza a descomponerse a mediados del siglo XVI. El enfrentamiento entre quienes se suman a la Reforma protestante y los defensores de la ortodoxia católica, unido a la lucha de ciertas naciones europeas por ocupar un papel dominante en el mundo, provocan el derrumbe de los ideales renacentistas para dar paso a un nuevo movimiento, el Barroco. Este movimiento surge a consecuencia del desengaño y la actitud pesimista; el artista barroco se siente incapaz de creer en los ideales renacentistas. La naturaleza ya no es símbolo de perfección, sino que, en ocasiones, refleja la inestabilidad emocional de los escritores.

El Renacimiento se define por un conjunto de rasgos que podemos agrupar en tres bloques: la recuperación de la cultura clásica grecolatina, la valoración de lo humano y la búsqueda de la perfección ideal.

El primero de ellos, la recuperación de la cultura clásica, se debe a la tarea de los humanistas italianos que buscan textos de autores latinos y griegos, con la intención de traducirlos para difundir de esa manera sus ideales.

Frente al mundo medieval, dominado por la figura de Dios, el Renacimiento considera lo humano como medida de todas las cosas, como eje fundamental de los ideales. El antropocentrismo del período explica la aparición de modelos humanos ideales a los que aspirar:

–         El perfecto caballero (El cortesano)

–         El perfecto gobernante (El príncipe)

–         El perfecto cristiano (observado en obras como Enchiridion)

Pero la valoración de lo humano no supone una negación a la religión, Dios sigue siendo la perfección absoluta y el hombre, por tanto, reflejo de esa perfección. La novedad reside en considerar que el ser humano es capaz de alcanzar y reflejar dichas perfecciones mediante su inteligencia y habilidad.

Los tres rasgos que definen la literatura renacentista son: el amor, la naturaleza, la mitología clásica y el comportamiento humano.

Al igual que los rasgos del Renacimiento, el Barroco concretó los caracteres anteriores en una serie de temas recurrentes: la literatura del siglo XVII continúa los temas renacentistas (amor, naturaleza, mitología y comportamiento humano), aunque alterando sus sentidos; la reflexión moral sobre el paso del tiempo, así como el análisis de los defectos humanos; el asunto religioso, abordado por multitud de autores que ven a Dios como única esperanza de salvación y sentido de la vida; y, por último, junto a los temas derivados del desengaño, el Barroco ofrece también el canto de los goces de la vida y del presente.

En la época de Shakespeare se constituye el teatro isabelino, que funde la tradición popular con la culta y se convierte en un espectáculo de masas. Así lo demuestra la construcción de los primeros edificios destinados exclusivamente a la representación, la consolidación de las compañías y el apoyo que el mundo teatral tuvo por parte de la monarquía inglesa.

Se presentaba en edificios poligonales que recuerdan la forma de los patios de las posadas en que se escenificaban anteriormente. Las representaciones comenzaban a primeras horas de la tarde y se extendían hasta el anochecer. Las compañías de actores estaban integradas únicamente por hombres (la ley inglesa prohibía a la mujer trabajar como actriz). Y finalmente, las obras se adscribían a tres géneros: la tragedia sangrienta (inspirada en Séneca) y la comedia de enredo.

En este panorama triunfan, además de Shakespeare, algunos autores como Thomas Kyd y Christopher Marlowe. A este último se deben dos innovaciones esenciales: el uso del «verso blanco» para la composición del texto dramático y la creación de un modelo de héroe capaz de vencer sus propias limitaciones de clase o condición social para alcanzar sus objetivos.

Orígenes de la Literatura. Antigüedad Clásica

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1. LA LITERATURA GRIEGA ARCAICA: S.VIII – VI a. C.
1.1 La epopeya homérica
Homero está considerado un autor de la etapa arcaica de la literatura griega. En sus obras, los personajes son: aristocráticos, príncipes y reyes; los dioses que intervienen en la obra tienen las mismas pasiones que los hombres.
Tiene una narración respetuosa y objetiva, pues se basa en un lenguaje elevado y adecuado a los personajes; destacan las descripciones minuciosas y el retrato impresionista de los personajes que, casi siempre, son descritos con uno o dos breves epítetos.

  • La Ilíada. Basada en la leyenda de Paris, hijo de Príamo, que rapta a Helena (esposa de Melenao) y comienza una guerra entre troyanos y griegos. La acción de esta obra comienza cuando los griegos ya han sitiado (acorralado) Troya, esto demuestra que el pueblo griego conocía la leyenda con anterioridad. En esta obra, Homero, pretende reflejar las dos pasiones de Aquiles: en primer lugar, su ira contra Agamenón por arrebatarle a su amada esclava Briseida; en segundo lugar, la ira contra Héctor por haber dado muerte a su amigo (amante) Patroclo. Se trata de la recreación de un héroe, como todos los poemas épicos, empapado en la legendaria tradición de la guerra entre griegos y troyanos. Los dioses, convertidos en hombres, se dejan arrastrar por las mismas pasiones.
  • La Odisea. Narra las aventuras de Ulises (Odiseo) en su viaje desde Troya hasta la isla de Ítaca, de la que era rey. Su esposa Penélope, había mandado a su hijo (Telémaco) en su búsqueda. Cuando Ulises vuelve a Ítaca, tras muchísimos años, encuentra a su hijo y lo convence para que sea cómplice de su plan: se hace pasar por un pretendiente más para unirse con Penélope, la cual organiza un concurso de tiro con arco, para que el pretendiente más “diestro” se quedase con ella. Ulises gana el concurso y mata a todos los pretendientes, diciendo anteriormente quién era él y qué es lo que le correspondía: el reinado de su isla. Con esta obra, Homero consigue una fusión entre lo humano y lo divino.

1.2. Hesíodo
Hesíodo, al igual que Homero, pertenece a la etapa arcaica de la literatura griega. Este poeta también arranca de la tradición. Realizó dos obras fundamentales: la Teogonía y Los trabajos y los días.
La primera obra, Teogonía de Hesíodo, sintetiza los principales mitos del pueblo griego, desde las sombras del Caos (igual que en el Génesis) hasta la victoria de Zeus (nombre del que procede la palabra dios) sobre los titanes.
En Los trabajos y los días, nos habla de un mundo opuesto al de la aristocracia urbana de Homero. Hesíodo es educador y mentor del campesino griego, y su pesimismo busca refugio en el mito: Prometeo y Hércules, Pandora, etc.
1.3. Lírica arcaica
Los griegos llamaban poesía mélica, a la expresión de los sentimientos íntimos del poeta. Eran composiciones que estaban destinadas a ser cantadas por un solista (en el caso de Safo o Anacreonte) o por un coro (en el caso de Píndaro). El instrumento que se utilizaba desde la antigüedad para cantar estos poemas era la lira.
De los muchos poetas de la época, destacaremos a los más importantes: Alceo y Safo de Lesbos, Anacreonte de Teos (pertenecientes a la lírica monódica) y Píndaro de Tebas (perteneciente a la lírica coral).
1.3.1. Lírica monódica

  • Alceo de Mitilene (hacia 630-580 a. C.) se inspira en Homero, al igual que Anacreonte, y también canta los placeres del vino. Sus himnos a las divinidades y, sobre todo, sus versos dedicados al vino, a la embriaguez y al amor están llenos de una sensual lasitud: el canto de la cigarra, el ardor de las mujeres y el ardiente sol que invita al poeta a beber hacen de Alceo un poeta irónico a la vez que sensual.
  • Safo de Lesbos compuso poemas dirigidos tanto a mujeres como a hombres. Su poesía es pura expresión de los sentimientos (amor y belleza). Escribió nueve libros de poesía lírica y uno de elegías. Existía una escuela o academia llamada ‘Círculo Sáfico’, donde enseñaba danza, poesía y música a un grupo de muchachas. Se compara esta escuela con la de Platón, puesto que ambos tienen una pedagogía similar. Sin embargo, otros opinan que esta escuela tuvo un carácter de culto religioso en honor de Afrodita, las musas o las tres Gracias.
  • Anacreonte de Teos ha pasado a la historia de la literatura como el cantor de los placeres que trae el vino, la buena mesa y el amor a las mujeres. El tema de la vejez y la muerte están tratados con serenidad y con una amable ironía que dan a algunos de los poemas un cierto aire burlesco y melancólico.

1.3.2. La lírica coral
Píndaro de Tebas es el poeta culto más importante de la época arcaica y de la lírica coral. Como hicieron Homero y Hesíodo, Píndaro reúne piedad y mito en sus cantos de los juegos atléticos. En sus composiciones encontramos la profunda religiosidad griega que se pregunta por el destino de los hombres y su dependencia de los dioses y, al mismo tiempo, encontramos la exaltación de la vida feliz, el vigor juvenil, la belleza y la fuerza.
En sus epinicios encontramos un canto a la gloria de los atletas vencedores en los juegos de las cuatro ciudades griegas donde se celebraban (Olimpia, Nemea, Delfos y Corinto), de esta forma obtenemos sus obras Olímpicas, Nemeas, Píticas e Ístmicas. Con el epinicio se elogia al vencedor, a su victoria y a su linaje.
2. LA LITERATURA GRIEGA EN LA ÉPOCA CLÁSICA: S.V y IV a. C.
2.1. La tragedia
La tragedia griega tiene su origen en los cantos que se dedicaban en el Peloponeso al dios Dionisos (el dios del vino). Desde ese canto coral evoluciona hasta llegar al drama. La primera representación trágica la compuso Tespis en el año 534 a. C. durante las fiestas dionisíacas y fue el primero en ponerse frente al coro como “hipocrites” (primer actor que responde al coro y se opone a él). Las tragedias griegas se basarán en los personajes de la Ilíada y la Odisea, o también en los mitos recogidos por Hesíodo, Heródoto y otros muchos autores.

  • Esquilo. Aunque se basó en temas históricos recientes (Los persas), casi todas las obras se inspiran en los mitos (Los siete contra Tebas, Las suplicantes, Orestíada y Prometeo encadenado). Tuvo predilección por las trilogías.
  • Sófocles. Amplía el campo temático de Esquilo y sus obras recrean personajes de la guerra de Troya (Áyax, Las traquinias, Filoctetes), aunque quizá lo fundamental es que nos dejó obras imperecederas como la serie de Edipo: Edipo rey, Edipo en colono y Electra.
  • Eurípides. Basándose en los episodios finales de los argonautas (marineros que navegan en la embarcación llamada ‘Argos’), escribe su obra más importante: Medea.

2.2. La comedia
Tiene el mismo origen dionisiaco que la tragedia, concretamente las mascaradas o paseos burlescos que celebraban la vendimia (recolección de las uvas del vino) de forma licenciosa y popular.

  • Aristófanes (445-387 a. C.). El teatro de Aristófanes se basa en la realidad de la vida de la Atenas de finales del siglo V y principios del IV a. C. Escribe su primera obra (Los acarnienses) antes de cumplir 20 años, y la última, Pluto, se representó un año antes de su muerte (388 a. C.). Los temas en sus comedias eran totalmente nuevos: la vida cotidiana se convierte en espectáculo debido a que produce hilaridad entre el público, aparecen críticas sobre los personajes atenienses. En la obra Las nubes, se critica al maestro Sócrates (incluso llegan a compararlo con los sofistas). Como vemos, Aristófanes no recurre al mito, sino que parodia y desmitifica con sus comedias. Esto invita constantemente a la risa.
  • Menandro. Entre la última obra de Aristófanes y la primera representación de Menandro transcurren sesenta y seis años. En estos años la comedia sufre una gran transformación: la intención política y la chocarrería son sustituidas por una comedia de costumbres. La primera obra de Menandro, El misántropo, observamos las primeras características del resultado de esta transformación: el orden, la convivencia entre los hombres y el triunfo del amor sobre el egoísmo de un padre.

2.3. La prosa
No era tan importante como la tragedia, comedía o poesía griega, pero con un rigor ya muy avanzado para la época, la prosa griega también se convirtió en modelo literario para los temas ficticios (fábula) como no ficticios (filosofía, oratoria, historia, etc.).
2.3.1. La fábula: Esopo
Dentro de la prosa habría que hacer mención del fabulista griego Esopo, cuyas historias de animales, de hombres y animales o de hombres solos han alimentado la literatura narrativo-didáctica del mundo occidental y oriental, puesto que Esopo escribió sus fábulas antes de la aparición de las sánscritas.
Tiene obras destacadas como por ejemplo: Afrodita y la gata; Zeus, los animales y los hombres; El camello que estercoló en el río, etc. Todas las fábulas contienen al final una breve conclusión (llamada moraleja) que hace una recapitulación de lo que aprendemos de esa fábula.
3. LA LITERATURA ALEJANDRINA: FINAL S.IV – I a.C.
La literatura alejandrina, situada a finales del siglo IV a. C. y el siglo I a. C., recibe este nombre porque tuvo su mayor foco de difusión en Alejandría, la ciudad fundada por Alejandro Magno en el norte de Egipto.
3.1. Apolonio de Rodas
Este autor recoge, en su obra Viaje de los argonautas, otro gran mito griego: el de Jasón y Medea. Junto a la Odisea y la Ilíada constituye la tercera gran epopeya de la literatura griega. Apolonio se inspiró en la Odisea y su obra influyó en Teócrito, otro gran poeta de la literatura alejandrina.
El tema central del Viaje de los argonautas es el conjunto de aventuras que corre Jasón para apoderarse del vellocino de oro (lana dorada de un carnero volador) y su encuentro con Medea, hija del rey de la Cólquide. Apolonio no narra la continuación de la historia de Jasón y Medea, hechos que sí se recogen en Pítica IV (Píndaro) y Medea (tragedia de Eurípides).
3.2. Teócrito
Este autor alejandrino compuso la obra Los idilios, que son contiendas amorosas entre pastores. Estos pastores nutrirán la literatura posterior desde Virgilio hasta Góngora y los neoclásicos: así aparecen nombres tan conocidos en la literatura de los siglos XVI y XVII como Dafnis, Polifemo, Galatea, Amarilis, Cástor, Pólux, etc.
4. LITERATURA GRIEGA DE LA ÉPOCA ROMANA: S.I a. C.
4.1. Plutarco y su concepto de la historia
La obra más importante de Plutarco es Vidas paralelas, en la que se narra la biografía de personajes griegos y romanos seleccionados de dos en dos, tales como Hesíodo, Píndaro, Crates, Demóstenes, Cicerón, Julio César, Alejandro, etc. Se destaca asimismo el dramatismo de los acontecimientos más relevantes: el asesinato del César y el suicidio de Catón.
4.2. Luciano de Samosata: diálogo y novela
Este autor es famoso por sus diálogos. Tanto es así que junto al diálogo platónico y al ciceroniano siempre hay que incluir el diálogo lucianesco para entender la evolución del género desde el “quattrocento” italiano hasta el Neoclasicismo.
4.2.3. Novela
Las historias verdaderas de Luciano no son todavía una verdadera novela. La primera novela europea conservada (siglo I d. C) se titula Quéreas y Calirroe, de Caritón de Afrodisias; es una historia de amor que acaba felizmente tras numerosos obstáculos. Calírroe sufre una aparente muerte (hecho que se utilizará en Romeo y Julieta, de Shakespeare) por una patada de su esposo Quéreas.