1. Educar

Educar es lo mismo

que poner motor a una barca,

hay que medir, pesar, equilibrar…

y poner todo en marcha.

Pero para eso

uno tiene que llevar en el alma

un poco de marino,

un poco de pirata,

un poco de poeta,

y un kilo y medio de paciencia concentrada.

Pero es consolador soñar,

mientras uno trabaja,

que ese barco -ese niño-

irá muy lejos por el agua.

Soñar que ese navío

llevará nuestra carga de palabras

hacia puertos distantes,

hacia islas lejanas.

Soñar que cuando un día

esté durmiendo nuestra propia barca,

en barcos nuevos

seguirá nuestra bandera enarbolada. (Gabriel Celaya)

 

 

 

 

  1. Érase una vez un oso…

 

Era una vez un oso (Arantxa empieza

a no comer. Se acerca la cuchara

hasta la boca, y moja de su cara

tan solo el labio. Y, al final, bosteza).

Arantxa, ¡come! (Y vuelve la cabeza.

Tose. Se rasca. Juega con la clara

del huevo frito. Hace que muerde, y para.

Torna a empezar con gesto de tristeza).

Arantxa, ¡come! (El plato es aún doncello.

Lo mira. Se decide. Curva el cuello.

Avanza. Frena. Embiste. Se arrepiente).

Arantxa, ¡come! (Y cerca de las cuatro,

dos horas de función en su teatro,

dice que nones. Porque está caliente.  (Ángel García López)

 

  1. Si…

 

Si puedes estar firme cuando en tu derredor

todo el mundo se ofusca y tacha tu entereza;

si cuando dudan todos, fías en tu valor,

y al mismo tiempo sabes excusar su flaqueza;

si puedes esperar y a tu afán poner brida,

o blanco de mentiras, esgrimir la verdad,

o siendo odiado, al odio no dejarle cabida,

y ni ensalzas tu juicio, ni ostentas tu bondad;

si sueñas, pero el sueño no se vuelve tu rey;

si piensas, y el pensar no amengua tus ardores;

si el triunfo y el desastre no te imponen su ley

y los tratas lo mismo, como a dos impostores;

si puedes soportar que tu frase sincera

sea trampa de necios en boca de malvados,

y mirar hecha trizas tu adorada quimera

y tornas a forjarla con útiles mellados;

si todas tus ganancias poniendo en un montón

las arriesgas osado en un golpe de azar,

y las pierdes y luego con bravo corazón

sin hablar de tus pérdidas vuelves a comenzar;

si puedes mantener en la ruda pelea

alerta el pensamiento y el músculo tirante

para emplearlo cuando en ti todo flaquea

menos la voluntad que te dice: ¡ Adelante !

Si entre la turba das a la virtud abrigo;

si marchando con reyes, del orgullo has triunfado;

si no pueden herirte amigo ni enemigo;

si eres bueno con todos, pero no demasiado,

Y si puedes llenar los preciosos minutos

con sesenta segundos de combate bravío,

tuya es la Tierra, y todos sus codiciados frutos

y lo que más importa, serás hombre, hijo mío. (Rudyard Kipling)

 

  1. VeranoFrutales
    cargados.
    Dorados
    trigales…

    Cristales
    ahumados.
    Quemados
    jarales…

    Umbría
    sequía,
    solano…

    Paleta
    completa:
    verano. (Manuel Machado)

 

  1. La sandía

Cual si de pronto se entreabriera el día
despidiendo una intensa llamarada,
por el acero fúlgido rasgada
mostró su carne roja la sandía.

Carmín incandescente parecía
la larga y deslumbrante cuchillada,
como boca encendida y desatada
en frescos borbotones de alegría.

Tajada tras tajada, señalando
las fue el hábil cuchillo separando,
vivas a la ilusión como ningunas.

Las separó la mano de repente,
y de improviso decoró la fuente
un círculo de rojas medias lunas  (Salvador Rueda)

 

 

  1. El copo

Tíñese el mar de azul y de escarlata;
el sol alumbra su cristal sereno,
y circulan los peces por su seno
como ligeras góndolas de plata.

La multitud que alegre se desata
corre a la playa de las ondas freno,
y el musculoso pescador moreno
la malla coge que cautiva y mata.

En torno de él la muchedumbre grita,
que alborozada sin cesar se agita
doquier fijando la insegura huella.

Y son portento de belleza suma:
la red, que sale de la blanca espuma:
y el pez, que tiembla prisionero en ella. (Salvador Rueda)

 

  1. La niña rosa, sentada…La niña rosa, sentada.
    Sobre su falda,
    como una flor,
    abierto, un atlas.
    ¡Cómo la miraba yo
    viajar, desde mi balcón!
    Su dedo, blanco velero,
    desde las islas Canarias
    iba a morir al mar Negro.
    ¡Cómo la miraba yo
    morir, desde mi balcón!.
    La niña, rosa sentada.
    Sobre su falda,
    como una flor,
    cerrado, un atlas.
    Por el mar de la tarde
    van las nubes llorando
    rojas islas de sangre. (Rafael Alberti)
  2. El oficio del poeta

    Contemplar las palabras
    sobre el papel escritas,
    medirlas, sopesar
    su cuerpo en el conjunto
    del poema, y después,
    igual que un artesano,
    separarse a mirar
    cómo la luz emerge
    de la sutil textura.
    Así es el viejo oficio
    del poeta, que comienza
    en la idea, en el soplo
    sobre el polvo infinito
    de la memoria, sobre
    la experiencia vivida,
    la historia, los deseos,
    las pasiones del hombre.La materia del canto
    nos lo ha ofrecido el pueblo
    con su voz. Devolvamos
    las palabras reunidas
    a su auténtico dueño. (José Agustín Goytisolo)

 

  1. Por rincones de ayer

En lugares perdidos
contra toda esperanza
te buscaba.

En ciudades sin nombre
por rincones de ayer
te busqué.

En horas miserables
entre la sombra amarga
te buscaba.

Y cuando el desaliento
me pedía volver
te encontré. (José Agustín Goytisolo)

 

  1. Enamorarse y noCuando uno se enamora las cuadrillas
    del tiempo hacen escala en el olvido
    la desdicha se llena de milagros
    el miedo se convierte en osadía
    y la muerte no sale de su cueva
    enamorarse es un presagio gratis
    una ventana abierta al árbol nuevo
    una proeza de los sentimientos
    una bonanza casi insoportable
    y un ejercicio contra el infortunio
    por el contrario desenamorarse
    es ver el cuerpo como es y no
    como la otra mirada lo inventaba
    es regresar más pobre al viejo enigma
    y dar con la tristeza en el espejo (Mario Benedetti)

 

  1. Pausa

De vez en cuando hay que hacer
una pausa
contemplarse a sí mismo
sin la fruición cotidiana
examinar el pasado
rubro por rubro
etapa por etapa
baldosa por baldosa
y no llorarse las mentiras
sino cantarse las verdades. (Mario Benedetti)

 

  1. Soliloquio del farero

    Cómo llenarte, soledad,
    sino contigo misma…De niño, entre las pobres guaridas de la tierra,
    quieto en ángulo oscuro,
    buscaba en ti, encendida guirnalda,
    mis auroras futuras y furtivos nocturnos,
    y en ti los vislumbraba,
    naturales y exactos, también libres y fieles,
    a semejanza mía,
    a semejanza tuya, eterna soledad.

    Me perdí luego por la tierra injusta
    como quien busca amigos o ignorados amantes;
    diverso con el mundo,
    fui luz serena y anhelo desbocado,
    y en la lluvia sombría o en el sol evidente
    quería una verdad que a ti te traicionase,
    olvidando en mi afán
    cómo las alas fugitivas su propia nube crean.

    Y al velarse a mis ojos
    con nubes sobre nubes de otoño desbordado
    la luz de aquellos días en ti misma entrevistos,
    te negué por bien poco;
    por menudos amores ni ciertos ni fingidos,
    por quietas amistades de sillón y de gesto,
    por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma,
    por los viejos placeres prohibidos,
    como los permitidos nauseabundos,
    útiles solamente para el elegante salón susurrado,
    en bocas de mentira y palabras de hielo.

    Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona
    que yo fui,
    que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones;
    por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos,
    limpios de otro deseo,
    el sol, mi dios, la noche rumorosa,
    la lluvia, intimidad de siempre,
    el bosque y su alentar pagano,
    el mar, el mar como su nombre hermoso;
    y sobre todo ellos, cuerpo oscuro y esbelto,
    te encuentro a ti, tú, soledad tan mía,
    y tú me das fuerza y debilidad
    como el ave cansada los brazos de la piedra.

    Acodado al balcón miro insaciable el oleaje,
    oigo sus oscuras imprecaciones,
    contemplo sus blancas caricias;
    y erguido desde cuna vigilante
    soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres,
    por quienes vivo, aún cuando no los vea;
    y así, lejos de ellos,
    ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres,
    roncas y violentas como el mar, mi morada,
    puras ante la espera de una revolución ardiente
    o rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo
    cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista.

    Tú, verdad solitaria,
    transparente pasión, mi soledad de siempre,
    eres inmenso abrazo;
    el sol, el mar,la oscuridad, la estepa,
    el hombre y su deseo,
    la airada muchedumbre,
    ¿qué son sino tú misma?

    Por ti, mi soledad, los busqué un día;
    en ti, mi soledad, los amo ahora. (Luis Cernuda)

  2. Epigramas

    1. Te doy, Claudia, estos versos, porque tú eres su dueña.
    Los he escrito sencillos para que tú los entiendas.
    Son para ti solamente, pero si a ti no te interesan,
    un día se divulgarán tal vez por toda Hispanoamérica.
    Y si al amor que los dictó, tú también lo desprecias,
    otras soñarán con este amor que no fue para ellas.
    Y tal vez verás, Claudia, que estos poemas,
    (escritos para conquistarte a ti) despiertan
    en otras parejas enamoradas que los lean
    los besos que en ti no despertó el poeta.

*

2. De estos cines, Claudia, de estas fiestas,
de estas carreras de caballos,
no quedará nada para la posteridad
sino los versos de Ernesto Cardenal para Claudia
(si acaso)
y el nombre de Claudia que yo puse en esos versos
y los de mis rivales, si es que yo decido rescatarlos
del olvido, y los incluyo también en mis versos
para ridiculizarlos.

*

3. Al perderte yo a ti tú y yo hemos perdido:
yo porque tú eras lo que yo más amaba
y tú porque yo era el que te amaba más.
Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo:
porque yo podré amar a otras como te amaba a ti
pero a ti no te amarán como te amaba yo. (Ernesto Cardenal)

 

  1. Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros…Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
    ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
    lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso
    de mí murmuran y exclaman:
    Ahí va la loca soñando
    con la eterna primavera de la vida y de los campos,
    y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
    y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.

    Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha,
    mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
    con la eterna primavera de mi vida que se apaga
    y la perenne frescura de los campos y las almas,
    aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.

    Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños,
    sin ellos, ¿cómo admiraros ni cómo vivir sin ellos? (Rosalía de Castro)

 

  1. Yo no sé lo que busco eternamente…Yo no sé lo que busco eternamente
    en la tierra, en el aire y en el cielo;
    yo no sé lo que busco; pero es algo
    que perdí no sé cuando y que no encuentro,
    aun cuando sueñe que invisible habita
    en todo cuanto toco y cuanto veo.
    Felicidad, no he de volver a hallarte
    en la tierra, en el aire, ni en el cielo,
    y aun cuando sé que existes
    y no eres vano sueño. (Rosalía de Castro)
  2. Ojos claros, serenos…

Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué si me miráis miráis airados?
Si cuanto más piadosos,
más bellos parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay, tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos. (Gutierre de Cetina9

  1. Paseo de los tristesEntonces,
    en aquella ciudad
    o en la intuición primera, vaga, de su cuerpo,
    el pensamiento aún flotaba en bucólicos careos,
    en versos aprendidos sin historia
    y no era posible amar
    entre unas calles donde todo era sucio,
    carne sin brillo,
    cuando aún en el mar, la nube y las espigas
    sin historia y sin tiempo, vanos,
    estábamos durmiendo
    o ignorando
    esa gota de sangre que cuelga del amor
    -su blanco cuello herido-,
    ignorando la clase oscura en que nacimos,
    sin consciencia de naves hundidas,
    de rubios náufragos,
    condenados a vivir una historia perdida
    de explotación y soledad, de muerte enamorada,
    sin saberlo.

    Y sin embargo,
    entre los autobuses, el gentío,
    en la dulce ignorancia,
    fue creciendo una luz
    que nos hizo sentir un crujido brillante
    después que allí, en la sórdida pensión
    donde siempre se asilan viajeros sin destino,
    gentes oscuras,
    en un lugar sin esperanza,
    dos cuerpos se sintieron indefensos
    sudando en el asombro de la primera felicidad. (Javier Egea)

 

  1. Preceptiva poéticaI
    Poesía…
    tristeza honda y ambición del alma…
    ¡cuándo te darás a todos… a todos,
    al príncipe y al paria,
    a todos…
    sin ritmo y sin palabras!…

    II
    Deshaced ese verso.
    Quitadle los caireles de la rima,
    el metro, la cadencia
    y hasta la idea misma…
    Aventad las palabras…
    y si después queda algo todavía,
    eso será la poesía.

III
Más bajo, poetas, más bajo…
hablad más bajo no gritéis tanto
no lloréis tan alto
si para quejaros
acercáis la bocina a vuestros labios,
parecerá vuestro llanto
como el de las plañideras, mercenario.

IV
Y si el verso
poetas cortesanos
si el verso como el hombre
no fuese de cristal sino de barro.

V
Poeta,
ni de tu corazón,
ni de tu pensamiento,
ni del horno divino de Vulcano
han salido tus alas.
Entre todos los hombres las labraron
y entre todos los hombres en los huesos
de tus costillas las hincaron.
La mano más humilde te ha clavado
un ensueño…
una pluma de amor en el costado.  (León Felipe)

 

  1. ¡Qué lástima!

Para Alberto López Arguello

¡Qué lástima!
Que yo no pueda cantar a la usanza de este tiempo
lo mismo que los poetas que hoy cantan!

¡Qué lástima que yo no pueda entonar
con una voz engolada esas brillantes romanzas
a las glorias de la patria!
¡Qué lástima que yo no tenga una patria!

Sé que la historia es la misma,
la misma siempre, que pasa
desde una tierra a otra tierra,
desde una raza a otra raza,
como pasan esas tormentas de estío
desde ésta a aquella comarca.

¡Qué lástima que yo no tenga comarca,
patria chica, tierra provinciana!
Debí nacer en la entraña en la estepa castellana

Y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada:
pasé los días azules de mi infancia en Salamanca,
y mi juventud, una juventud sombría, en la montaña.
Después… ya no he vuelto a echar el ancla
y ninguna de estas tierras me levanta ni me exalta
para poder cantar siempre en la misma tonada
al mismo río que pasa rodando las mismas aguas,
al mismo cielo, al mismo campo y en la misma casa.

¡Qué lástima que yo no tenga una casa!
Una casa solariega y blasonada,
una casa en que guardara,
a más de otras cosas raras,
un sillón viejo de cuero, una mesa apolillada
y el retrato de un mi abuelo
que ganara una batalla.
¡Qué lástima que yo no tenga un abuelo
que ganara una batalla, retratado
con una mano cruzada en el pecho,
y la otra mano en el puño de la espada!

¡Qué lástima que yo no tenga siquiera una espada!
Porque… ¿qué voy a cantar
si no tengo ni una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo
que ganara una batalla,
ni un sillón viejo de cuero,
ni una mesa, ni una espada?

¡Qué voy a cantar si soy
un paria que apenas tiene una capa!
Sin embargo… en esta tierra de España
y en un pueblo de la Alcarria
hay una casa en la que estoy de posada
y donde tengo, prestadas,
una mesa de pino y una silla de paja.
Un libro tengo también.
Y todo mi ajuar se halla en una sala muy amplia
y muy blanca que está en la parte más baja
y más fresca de la casa. Tiene una luz muy clara
esta sala tan amplia  y tan blanca…

Una luz muy clara que entra por una ventana
que da a una calle muy ancha.
Y a la luz de esta ventana vengo todas las mañanas.
Aquí me siento sobre mi silla de paja
y venzo las horas largas leyendo en mi libro y viendo
cómo pasa la gente al través de la ventana.

Cosas de poca importancia
parecen un libro y el cristal de una ventana
en un pueblo de la Alcarria,
y, sin embargo, le basta
para sentir todo el ritmo de la vida a mi alma.
Que todo el ritmo del mundo por estos cristales pasa
ese pastor que va detrás de las cabras
con una enorme cayada,
esa mujer agobiada
con una carga de leña en la espalda,
esos mendigos que vienen
arrastrando sus miserias de Pastrana,
y esa niña que va a la escuela de tan mala gana.

¡Oh, esa niña! Hace un alto en mi ventana siempre,
y se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
¡Qué gracia tiene su cara en el cristal aplastada
con la barbilla sumida y la naricilla chata!
Yo me río mucho mirándola
y la digo que es una niña muy guapa…
Ella entonces me llama ¡tonto!, y se marcha.
¡Pobre niña! Ya no pasa por esta calle tan ancha
caminando hacia la escuela de mala gana,
ni se para en mi ventana,
ni se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
Que un día se puso mala, muy mala,
y otro día doblaron por ella a muerto las campanas.

Y en una tarde muy clara, por esta calle tan ancha,
al través de la ventana, vi cómo se la llevaban
en una caja muy blanca… En una caja muy blanca
que tenía un cristalito en la tapa.
Por aquel cristal se la veía la cara
lo mismo que cuando estaba
pegadita al cristal de mi ventana…
Al cristal de esta ventana
que ahora me recuerda siempre
el cristalito de aquella caja tan blanca.
Todo el ritmo de la vida pasa
por este cristal de mi ventana…
Y la muerte también pasa…

¡Qué lástima!
Que no pudiendo cantar otras hazañas,
porque no tengo una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo
que ganara una batalla,
ni un sillón viejo de cuero,
ni una mesa, ni una espada,
y soy un paria que apenas tiene una capa…
venga forzado a cantar, cosas de poca importancia! (León Felipe)

 

  1. Sé todos los cuentos

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
Que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan
con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre…
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos…
y sé todos los cuentos. (León Felipe)

 

  1. Vencidos

Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar…

Y ahora ociosa y abollada
va en el rucio la armadura,
y va ocioso el caballero,
sin peto y sin espaldar…
va cargado de amargura…
que allá encontró sepultura
su amoroso batallar…
va cargado de amargura…
que allá «quedó su ventura»
en la playa de Barcino, frente al mar…

Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar…
va cargado de amargura…
va, vencido, el caballero
de retorno a su lugar.

Cuántas veces, Don Quijote,
por esa misma llanura
en horas de desaliento
así te miro pasar…
y cuántas veces te grito:
Hazme un sitio en tu montura
y llévame a tu lugar;
hazme un sitio en tu montura
caballero derrotado,
hazme un sitio en tu montura
que yo también voy cargado
de amargura
y no puedo batallar.
Ponme a la grupa contigo,
caballero del honor,
ponme a la grupa contigo
y llévame
a ser contigo pastor.

Por la manchega llanura
se vuelve a ver la figura
de Don Quijote pasar… (León Felipe)

 

  1. El gallo y el zorro Un gallo muy maduro,
    de edad provecta, duros espolones,
    pacífico y seguro,
    sobre un árbol oía las razones
    de un zorro muy cortés y muy atento,
    más elocuente cuanto más hambriento.

    «Hermano», le decía,
    «ya cesó entre nosotros una guerra
    que cruel repartía
    sangre y plumas al viento y a la tierra.
    Baja; daré, para perpetuo sello,
    mis amorosos brazos a tu cuello.»

    «Amigo de mi alma»,
    responde el gallo, «¡qué placer inmenso
    en deliciosa calma
    deja esta vez mi espíritu suspenso!
    Allá bajo, allá voy tierno y ansioso
    a gozar en tu seno mi reposo.

    «Pero aguarda un instante,
    porque vienen, ligeros como el viento,
    y ya están adelante,
    dos correos que llegan al momento,
    de esta noticia portadores fieles,
    y son, según la traza, dos lebreles.»
    dijo el zorro, «que estoy muy ocupado;
    luego hablaré contigo
    para finalizar este tratado.»

    El gallo se quedó lleno de gloria,
    cantando en esta letra su victoria:
    Siempre trabaja en su daño
    el astuto engañador;
    a un engaño hay otro engaño,
    a un pícaro otro mayor. (Nicolás Fernández de Moratín)

 

  1. Saber sin estudiar

Admiróse un portugués
de ver que en su tierna infancia
todos los niños en Francia
supiesen hablar francés.
«Arte diabólica es»
dijo, torciendo el mostacho,
«que para hablar en gabacho,
un fidalgo en Portugal
llega a viejo, y lo habla mal;
y aquí lo parla un muchacho.» (Nicolás Fernández de Moratín)

 

  1. Mariposa

Quisiera
hacer un verso que tuviera
ritmo de Primavera;
que fuera
como una fina mariposa rara,
como una mariposa que volara
sobre tu vida, y cándida y ligera
revolara
sobre tu cuerpo cálido de cálida palmera
y al fin su vuelo absurdo reposara
–tal como en una roca azul de la pradera–
sobre la linda rosa de tu cara…

Quisiera
hacer un verso que tuviera
toda la fragancia de la Primavera
y que cual una mariposa rara
revolara
sobre tu vida, sobre tu cuerpo, sobre tu cara. (Nicolás Guillén)

 

  1. Yo soy un hombre sincero…

Yo soy un hombre sincero
De donde crece la palma,
Y antes de morirme quiero
Echar mis versos del alma.

Yo vengo de todas partes,
Y hacia todas partes voy:
Arte soy entre las artes,
En los montes, monte soy.

Yo sé los nombres extraños
De las yerbas y las flores,
Y de mortales engaños,
Y de sublimes dolores.

Yo he visto en la noche oscura
Llover sobre mi cabeza
Los rayos de lumbre pura
De la divina belleza.

Alas nacer vi en los hombros
De las mujeres hermosas:
Y salir de los escombros,
Volando las mariposas.

He visto vivir a un hombre
Con el puñal al costado,
Sin decir jamás el nombre
De aquella que lo ha matado.

Rápida, como un reflejo,
Dos veces vi el alma, dos:
Cuando murió el pobre viejo,
Cuando ella me dijo adiós.

Temblé una vez  -en la reja,
A la entrada de la viña,-
Cuando la bárbara abeja
Picó en la frente a mi niña.

Gocé una vez, de tal suerte
Que gocé cual nunca: -cuando
La sentencia de mi muerte
Leyó el alcaide llorando.

Oigo un suspiro, a través
De las tierras y la mar,
Y no es un suspiro, -es
Que mi hijo va a despertar.

Si dicen que del joyero
Tome la joya mejor,
Tomo a un amigo sincero
Y pongo a un lado el amor.

Yo he visto al águila herida
Volar al azul sereno,
Y morir en su guarida
La víbora del veneno.

Yo sé bien que cuando el mundo
Cede, lívido, al descanso,
Sobre el silencio profundo
Murmura el arroyo manso.

Yo he puesto la mano osada,
De horror y júbilo yerta,
Sobre la estrella apagada
Que cayó frente a mi puerta.

Oculto en mi pecho bravo
La pena que me lo hiere:
El hijo de un pueblo esclavo
Vive por él, calla y muere.

Todo es hermoso y constante,
Todo es música y razón,
Y todo, como el diamante,
Antes que luz es carbón.

Yo sé que el necio se entierra
Con gran lujo y con gran llanto.
Y que no hay fruta en la tierra
Como la del camposanto.

Callo, y entiendo, y me quito
La pompa del rimador:
Cuelgo de un árbol marchito
Mi muceta de doctor. (José Martí)

 

  1. Aquí está el pecho, mujer…

Aquí está el pecho, mujer,
Que ya sé que lo herirás;
¡Mas grande debiera ser,
Para que lo hirieses más!

Porque noto, alma torcida,
Que en mi pecho milagroso,
Mientras más honda la herida,
Es mi canto más hermoso. (José Martí)

 

  1. Cultivo una rosa blanca…

Cultivo una rosa blanca,
En julio como en enero,
Para el amigo sincero
Que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca
El corazón con que vivo,
Cardo ni ortiga cultivo:
Cultivo la rosa blanca.  (José Martí)

 

  1. La risa

    Alguien dijo que «la risa
    es la gran enterradora».
    Algo se me está enterrando
    porque río a todas horas. (Concha Méndez)

 

  1. Nocturno en que nada se oye

En medio de un silencio desierto como la calle antes del crimen
sin respirar siquiera para que nada turbe mi muerte
en esta soledad sin paredes
al tiempo que huyeron los ángulos
en la tumba del lecho dejo mi estatua sin sangre
para salir en un momento tan lento
en un interminable descenso
sin brazos que tender
sin dedos para alcanzar la escala que cae de un piano invisible
sin más que una mirada y una voz
que no recuerdan haber salido de ojos y labios
¿qué son labios? ¿qué son miradas que son labios?
Y mi voz ya no es mía
dentro del agua que no moja
dentro del aire de vidrio
dentro del fuego lívido que corta como el grito
Y en el juego angustioso de un espejo frente a otro
cae mi voz
y mi voz que madura
y mi voz quemadura
y mi bosque madura
y mi voz quema dura
como el hielo de vidrio
como el grito de hielo
aquí en el caracol de la oreja
el latido de un mar en el que no sé nada
en el que no se nada
porque he dejado pies y brazos en la orilla
siento caer fuera de mí la red de mis nervios
mas huye todo como el pez que se da cuenta
hasta ciento en el pulso de mis sienes
muda telegrafía a la que nadie responde
porque el sueño y la muerte nada tienen ya que decirse.  (Xavier Villaurrutia)

 

  1. Cántico doloroso al cubo de la basura

    Tu curva humilde, forma silenciosa,
    le pone un triste anillo a la basura.
    En ti se hizo redonda la ternura,
    se hizo redonda, suave y dolorosa.Cada cosa que encierras, cada cosa
    tuvo esplendor, acaso hasta hermosura.
    Aquí de una naranja se aventura
    la herida piel silente y penumbrosa.

    Aquí de una manzana verde y fría
    un resto llora zumo delicado
    entre un polvo que nubla su agonía.

    Oh, viejo cubo sucio y resignado,
    desde tu corazón la pena envía
    el llanto de lo humilde y lo olvidado. (Rafael Morales)

 

  1. Lo fatalDichoso el árbol que es apenas sensitivo,


    y más la piedra dura, porque ésta ya no siente,
    pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
    ni mayor pesadumbre que la vida consciente.  

    Ser, y no ser nada, y ser sin rumbo cierto,
    y el temor de haber sido y un futuro terror…
    Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
    y sufrir por la vida y por la sombra y por 

    lo que no conocemos y apenas sospechamos,
    y la carne que tienta con sus frescos racimos
    y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,


!y no saber adónde vamos,

 ni de dónde venimos…! (Rubén Darío)

 

  1. En el sopor azul e hirviente de la siesta…

    En el sopor azul e hirviente de la siesta,
    el jardín arde al sol. Huele a rosas quemadas.
    La mar mece, entre inmóviles guirnaldas de floresta,
    una diamantería de olas soleadas.Cúpulas amarillas encienden a lo lejos,
    en la ciudad atlántica, veladas fantasías;
    saltan, ríen, titilan momentáneos reflejos
    de azulejos, de bronces y de cristalerías.

    El agua abre sus frescos abanicos de plata,
    hasta el reposo verde de las calladas hojas,
    y en el silencio solitario una fragata,
    blanca y henchida, surje, entre las rocas rojas. .. (Juan Ramón Jiménez)

 

  1. El viaje definitivo

… Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando:
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.
Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.
Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu errará, nostáljico…
Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando. (Juan Ramón)

  1. Perdóname por ir así buscándote…

Perdóname por ir así buscándote
tan torpemente, dentro
de ti.
Perdóname el dolor alguna vez.
Es que quiero sacar
de ti tu mejor tú.
Ese que no te viste y que yo veo,
nadador por tu fondo, preciosísimo.
Y cogerlo
y tenerlo yo en lo alto como tiene
el árbol la luz última
que le ha encontrado al sol.
Y entonces tú
en su busca vendrías, a lo alto.
Para llegar a él
subida sobre ti, como te quiero,
tocando ya tan sólo a tu pasado
con las puntas rosadas de tus pies,
en tensión todo el cuerpo, ya ascendiendo
de ti a ti misma.
Y que a mi amor entonces le conteste
la nueva criatura que tú eres. (Pedro Salinas)

 

  1. Soneto de repente

    Un soneto me manda hacer Violante;
    en mi vida me he visto en tal aprieto,
    catorce versos dicen que es soneto,
    burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante,
y estoy a la mitad de otro cuarteto;
mas si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando,
y aun parece que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho
que estoy los trece versos acabando:
contad si son catorce, y está hecho. (Lope de Vega)

  1. Soneto

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe. (Lope de Vega)

 

  1. Recuerdo infantil

    Una tarde parda y fría
    de invierno. Los colegiales
    estudian. Monotonía
    de lluvia tras los cristales. 

    Es la clase. En un cartel
    se representa a Caín
    fugitivo, y muerto Abel,
    junto a una mancha carmín. 

    Con timbre sonoro y hueco
    truena el maestro, un anciano
    mal vestido, enjuto y seco,
    que lleva un libro en la mano. 

    Y todo un coro infantil
    va cantando la lección:
    «mil veces ciento, cien mil;
    mil veces mil, un millón». 

    Una tarde parda y fría
    de invierno. Los colegiales
    estudian. Monotonía
    de lluvia tras los cristales. (Antonio Machado)

 

  1. Las cosas, nuestras cosas…

Las cosas, nuestras cosas,
les gustan que las quieran;
a mi mesa le gusta que yo apoye los codos,
a la silla le gusta que me siente en la silla,
a la puerta le gusta que la abra y la cierre
como al vino le gusta que lo compre y lo beba,
mi lápiz se deshace si lo cojo y escribo,
mi armario se estremece si lo abro y me asomo,
las sábanas son sábanas cuando me echo sobre ellas
y la cama se queja cuando yo me levanto.
¿Qué será de las cosas cuando el hombre se acabe?
Como perros las cosas no existen sin el amo. (Gloria Fuertes)

 

  1. Menos tu vientre todo es confuso…

Menos tu vientre
todo es confuso.
Menos tu vientre
todo es futuro
fugaz, pasado
baldío, turbio.
Menos tu vientre
todo es oculto,
menos tu vientre
todo inseguro,
todo es postrero
polvo sin mundo.
Menos tu vientre
todo es oscuro,
menos tu vientre
claro y profundo. (Miguel Hernández)

 

  1. Nuestra heredad

 

Juan de la Cruz prurito de Dios siente,

furia estética a Góngora agiganta,

Lope chorrea vida y vida canta:

tres frenesís de nuestra sangre ardiente.

 

Quevedo prensa pensamiento hirviente;

Calderón en sistema lo atiranta;

León, herido, al cielo se levanta;

Juan Ruiz, ¡qué cráter de hombredad bullente!

 

Teresa es pueblo, y habla como un oro;

Garcilaso, un fluir, melancolía;

Cervantes, toda la Naturaleza.

 

Hermanos en mi lengua, qué tesoro

nuestra heredad —oh amor, oh poesía—,

esta lengua que hablamos —oh belleza—. (Dámaso Alonso)

 

 

  1. Brindis

 

A mis amigos de Santander que festejaron
mi nombramiento profesional.

Debiera hora deciros: —«Amigos,
muchas gracias», y sentarme, pero sin ripios.
Permitidme que os lo diga en tono lírico,
en verso, sí, pero libre y de capricho.
Amigos:
dentro de unos días me veré rodeado de chicos,
de chicos torpes y listos,
y dóciles y ariscos,
a muchas leguas de este Santander mío,
en un pueblo antiguo,
tranquilo
y frío,
y les hablaré de versos y de hemistiquios,
y del Dante, y de Shakespeare, y de Moratín (hijo),
y de pluscuamperfectos y de participios,
y el uno bostezará y el otro me hará un guiño.
Y otro, seguramente el más listo,
me pondrá un alias definitivo.
Y así pasarán cursos monótonos y prolijos.
Pero un día tendré un discípulo,
un verdadero discípulo,
y moldearé su alma de niño
y le haré hacerse nuevo y distinto,
distinto de mí y de todos: él mismo.
Y me guardará respeto y cariño.
Y ahora os digo:
amigos,
brindemos por ese niño,
por ese predilecto discípulo,
por que mis dedos rígidos
acierten a moldear su espíritu,
y mi llama lírica prenda en su corazón virgíneo,
y por que siga su camino
intacto y limpio,
y porque este mi discípulo,
que inmortalice mi nombre y mi apellido,
… sea el hijo,

el hijo
de uno de vosotros, amigos. (Gerardo Diego)