La desbandá

La desbandá, que es como mejor se conoce, o la masacre ocurrida en la carretera de Málaga-Almería durante el 7 de febrero de 1937, en plena Guerra Civil española, fue el episodio más cruento de toda la guerra civil en Málaga y de los peores del conflicto bélico.

Seguiremos el análisis tan maravilloso que ha hecho el usuario de Twitter @cupledepelo, que nos cuenta en texto y en imágenes lo sucedido. Una forma distinta de ver la masacre. Como es habitual en Pitbox Blog, hemos ampliado la información con enlaces, de forma que mientras vas leyendo puedes ir informándote aún más del suceso.

Un trágico suceso que conviene recordar para nunca olvidar…

La masacre del 7 de febrero de 1937

Las tropas franquistas y del general italiano fascista Roatta están a las puertas de Málaga. Miles de malagueños, en su mayoría mujeres y niños, comienzan una huida a pie hacia Almería. Es febrero de 1937 y va a comenzar «la desbandá».

«La desbandá» está considerada como una de las mayores masacres contra civiles desarmados y bombardeos de la Guerra Civil, y la gran olvidada por ambos bandos por ser una vergüenza para ambos. Málaga fue abandonada por la República a pesar de que era fácil defenderla.

Tras el golpe, en Andalucía, Málaga, Almería y Jaén permanecen leales a la República. Tras el fracaso del golpe en Málaga, esta se convierte en prioridad para Franco, más que por estrategia, por importancia moral. Foto: malagueños pidiendo armas en el palacio de la Aduana. Entre agosto y septiembre de 1936, caen las ciudades de Archidona, Antequera y Ronda. Comienzan a llegar los primeros refugiados a Málaga capital (unos 35.000). Foto: refugiados de toda la provincia en la catedral de Málaga.

Con todo, el general franquista Queipo de Llano, comienza sus advertencias y amenazas a los ciudadanos de las zonas republicanas. Las experiencias contadas por los primeros refugiados que llegan a Málaga, más las arengas de Queipo, sumen a Málaga en el terror. La única vía de escape hacia zona republicana era la carretera de Almería. La defensa de Málaga la formaban 12.000 hombres mal armados y abandonados por el gobierno republicano, frente a un ejército fascista de 19.000 hombres bien armados, 10.000 regulares y 10.000 italianos.

El domingo 7 de febrero, la artillería ya está a las puertas de Málaga. La población entra en pánico y comienza «la desbandá»: más de 150.000 civiles indefensos huyen a pie hacia Almería por la, tristemente conocida «carretera de la muerte».

El 7 de febrero a la tarde, los barrios obreros quedan vacíos y la caravana de civiles se reúne en Paseo del Parque y toman dirección a Rincón de la Victoria. Nos hacemos una idea de lo que se vivió en ese momento por el libro «Dialogue with the death», de Arthur Koestler:

El lunes 8 de febrero, Málaga cae. Entran las tropas franquistas por la carretera de Torremolinos. Encuentran una ciudad semivacía. A las 9:30 entran en el puerto de Málaga los cañoneros Cánovas del Castillo y Canalejas. A las 14:00 las tropas desfilan por el centro.

Ese día, los refugiados llegan a Torre del Mar, en donde se les unen refugiados del interior. Empiezan los bombardeos desde los buques Canarias, Baleares y Almirante Cervera y de aviación alemana. Queipo explica, con una repugnante broma, la decisión de bombardear civiles, así:

Con las bombas, la gente intenta refugiarse en cunetas o campos de caña de azúcar. Fueron abandonando enseres. Cuando la comida escaseaba, comían caña de azúcar. Los habitantes de los pueblos por los que pasaban, negaban la ayuda temerosos a las futuras represalias.

El diario británico The Guardian explicó lo que estaba sucediendo en la carretera de Málaga así:

Muchos de ellos murieron en las cunetas, otros llegaron heridos y hambrientos a Almería. Los supervivientes cuentan cómo los buques «nacionales» acompañaban tranquilamente por el margen derecho de la carretera a la caravana de refugiados mientras les bombardeaban.

Las únicas fotografías de que disponemos son las del médico pulmonar canadiense Norman Bethune, que tras conocer lo que estaba sucediendo, abandona su puesto y se une a las Brigadas Internacionales. Decide ir a Almería para socorrer a los refugiados con su pequeña ambulancia.

Lo que Bethune vio lo relata de esta forma en su libro «El crimen de la carretera Málaga-Almería«. Impactado por lo que vio, no dudó en vaciar su ambulancia y, durante cuatro días, la usó para transportar a refugiados. Describió la tragedia como «la más grande y terrible evacuación de una ciudad en los tiempos actuales«.

Quienes se dieron la vuelta, sufrieron la represión brutal de Queipo de Llano. Entre el año 1937 y 1940 fueron fusiladas en Málaga alrededor de 20.000 personas.

Hoy, este héroe, Norman Bethune, tiene una placa en su memoria en Málaga… O mejor dicho, tenía, porque fue arrancada en 2016.

Dolores García tenía 7 años y sobrevivió: «me quedé dormida en la carretera junto a mi madre. Mi padre y mis tíos siguieron camino y quedamos en encontrarnos en Almuñécar. Íbamos destapando cadáveres para encontrar a mi padre. Jamás volvimos a verlo».

La prensa franquista celebró la «toma» de Málaga llamándola, como tenían acostumbrado, «liberación».La prensa internacional, a parte de la ya mencionada en otros tweets, también se hizo eco de esta barbarie.

Esta matanza, a pesar de ser la más cruenta de la guerra civil, quedó en el olvido por ser una vergüenza para ambos bandos: para republicanos, por abandonar la defensa de Málaga; para los franquistas, por motivos evidentes.

Se estima que los bombardeos indiscriminados ocasionaron entre 3.000 y 5.000 muertes, en su mayoría civiles indefensos. Otras fuentes manejan cifras aún mayores: hasta las 8.000 muertes.

Según la historiografía, este éxodo fue el mayor del siglo XX en Europa tras el de Yugoslavia. A la memoria de las miles de víctimas, niños, mujeres, ancianos, que fueron asesinados en «la carretera de la muerte».

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