Situada en la isla de Tavira, en la región portuguesa de El Algarve, existe una playa donde se amontonan más de doscientas viejas anclas oxidadas. Aunque las anclas han sido colocadas cuidadosamente por la gente del lugar, el cementerio conserva el misterio y el encanto propios de los lugares abandonados.

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Estas anclas pertenecen a los viejos barcos atuneros que debido a la falta de recursos han ido dejando la actividad durante los últimos años, ya que actualmente la isla vive del turismo. En este peculiar cementerio las anclas yacen sobre la arena como extrañas esculturas, como viejas huellas de un pasado que ya no existe.
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