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Las funciones del lenguaje. Definiciones y ejemplos. Características e infografía

Infografía de las funciones del lenguaje, por Profesor en Línea CL.

Las funciones del lenguaje

Funciones y ejemplos

En Educación Primaria y en Secundaria podemos usar varios ejemplos para ver de dónde partir antes de empezar con el proceso de enseñanza y aprendizaje de las funciones del lenguaje (Lengua Castellana y Literatura).

  • Metalingüística: Salir de casa significa marcharse de la vivienda.
  • Fática: ¿Me escuchas entonces?
  • Referencial: Mañana es jueves.
  • Expresiva: ¡Hace un calor maravilloso!
  • Apelativa: Cuando salgas, cierra la ventana y la puerta.
  • Poética: La primavera ha venido, nadie sabe cómo ha sido.

Función referencial

También llamada función informativa, se refiere al uso del lenguaje para indicar algún aspecto del universo exterior del emisor, es decir, de la realidad misma. Por ende, se centra en el mensaje a transmitir más que en el resto de los elementos comunicativos: es la función “objetiva” del lenguaje, que sirve para indicar algo concreto.

Por ejemplo, cuando describimos cómo lucía ayer un amigo común, cuando indicamos el resultado de una operación matemática o cuando le decimos la hora a un transeúnte. Estamos indicando, informando o referenciando la realidad a nuestro alrededor.

Función emotiva

La función emotiva o expresiva del lenguaje tiene que ver con la realidad psíquica o emocional del emisor, en quien lógicamente se centra. A menudo contiene formas verbales en primera persona, aunque no necesariamente; en todo caso se basa en transmitir al receptor algún elemento de ánimo o de subjetividad del emisor.

Por ejemplo, cuando nos quejamos tras recibir un golpe, o cuando nos lamentamos con un amigo tras haber sido abandonados por la pareja, o cuando le decimos a alguien cómo nos sentimos o qué sentimos en ese exacto momento, ya sea directamente o a través de metáforas: “¡Qué hermoso día!” o “Me siento de la patada”.

Funcion apelativa

También llamada conativa, es la que se centra en el receptor, pues busca producir en él una reacción deseada. Se trata de la función imperativa del lenguaje, la que empleamos para lograr que otros hagan lo que deseamos, ya sea que les estemos pidiendo un favor, ordenando algo o amenazando si no lo hacen.

Por ejemplo, cuando le decimos a alguien que nos abra la puerta, cuando le indicamos a alguien qué calle tomar para llegar a su destino, cuando pedimos que nos digan la hora o mandamos a callar a alguien.

Funcion metalingüística

Esta función le permite al lenguaje hablar de sí mismo, ya que se centra en el código comunicativo, dándonos oportunidad de aclarar términos, preguntarle al otro si nos comprende o corregir el modo en que decimos las cosas.

Por ejemplo, cuando le corregimos la gramática o la ortografía a alguien, o cuando explicamos a un niño el significado de una palabra, incluso cuando usamos el lenguaje para aprender una lengua (código) nueva.

Función fática

La función fática o relacional sirve apenas para comprobar que el canal de comunicación, en el cual se centra, está activo y podemos iniciar la transmisión del mensaje. No tiene ningún otro propósito y por lo general está comprendido por palabras desprovistas de otro sentido e incluso significado.

Por ejemplo, en algunos países, al atender el teléfono se dice “¿Aló?”, “¿Hola?” o “Diga”, palabras que no tienen un sentido real en el mensaje a transmitir, simplemente sirven para verificar que hay alguien del otro lado del aparato.

Función poética

La función poética o estética es quizá la más complicada, pues se centra también en el mensaje a transmitir, pero también sobre el código en que se lo hace, ya que tiene lugar cuando buscamos embellecer, hacer más efectivo o más lúdico (juguetón) el mensaje, como en el caso de las rimas poéticas, los acertijos, los refranes y otros giros de lenguaje que se usan para hacer más potente y rica la comunicación.

Por ejemplo, cuando recitamos un poema, o cuando usamos una figura retórica para expresarnos (metáforas, hipérboles, etc.) o cuando hacemos juegos de palabras.

Fuente: https://concepto.de/funciones-del-lenguaje/ 

El teatro infantil. Teatro infantil y juvenil. El teatro para niños y niñas. Teatro y la escuela

El teatro y el niño. Componentes que intervienen en el discurso teatral. El teatro infantil: rasgos peculiares. El teatro de los niños. El teatro para los niños. El teatro y la escuela. Teatro en Educación Primaria.

LA PRECARIEDAD DE UN SECTOR EDITORIAL 

Se puede afirmar, sin temor a exagerar, que el teatro para niños y jóvenes es el género literario peor tratado por el sector editorial de nuestro país. “Cenicienta de la literatura infantil” lo denominó Juan Cervera [1] , a lo que se suma el hecho de que el teatro ya es de por sí la “Cenicienta” de la literatura. Y en estrecha relación con lo que sucede en el ámbito editorial, también en las aulas, la literatura dramática cuenta con una presencia considerablemente menor que la poesía y, sobre todo, que la narrativa. 

Esta situación no es nueva; ya en 1967, en el marco del primer Congreso de la AETIJ, Aurora Díaz Plaja presentó una comunicación, titulada “El teatro, este género difícil de editar”, en la que denunciaba el desequilibrio que existía entre la oferta y la demanda, dado el “escaso número de obras teatrales editadas y la constante demanda de las diversas personas dedicadas a la cultura infantil: maestros, párrocos, bibliotecarias, jardineras de infancia y padres de familia” [2] . Esta autora reunió una bibliografía de obras publicadas que constaba de unos sesenta títulos, cantidad que calificaba de “ridícula en comparación de los seis mil títulos que forman la producción actual de la literatura infantil y juvenil en España” [3] . Unos años más tarde, Juan Cervera, al escribir su Historia Crítica del Teatro Infantil Español, hablaba de “la penuria” que existía en aquel momento en la edición de textos, y de la “dispersión de los libros publicados”, además de cuestionar la calidad de lo que se publicaba: “el gran problema del teatro infantil español es la carencia de textos de calidad y vigentes”[4] . Ya en los noventa, este autor insistía en el desequilibrio entre los distintos géneros: 

Al estudiar los contactos del niño con la Literatura Infantil se propone que éstos sean equilibrados entre los distintos géneros. Es decir, que estos beneficien no sólo a la narrativa, sino también al teatro y a la poesía, por lo menos. […] 

Pero lo cierto es que los contactos cuidados y fomentados en la escuela, en la práctica, se limitan a la narrativa a través de la lectura. Prueba irrebatible de ello es que apenas se publican libros de poesía y de teatro para niños [5]

En nuestros días, la edición de libros de teatro para niños apenas llega a la treintena de títulos al año, cuando la producción anual de libros de literatura infantil y juvenil supera los diez mil títulos anuales [6] , por lo que no puede decirse que la situación, comparativamente hablando, haya mejorado desde los tiempos en que Aurora DíazPlaja hablara en los términos antes citados. 

En relación con esta escasez de textos, encontramos una presencia casi nula de traducciones y de reediciones. En cuanto a las primeras, basta con echar un vistazo a la bibliografía que se incluye en el Anexo I para ver que la práctica totalidad de los autores son españoles y actuales; 

si en principio una proporción mucho mayor de estos textos resulta lógica y deseable (lo contrario sería igualmente empobrecedor, como está ocurriendo en el teatro de adultos), la casi total ausencia de traducciones nos impide conocer el teatro que se hace en otros países y enriquecer así nuestra propia tradición de teatro para niños. En cuanto a las reediciones, nos encontramos con que las grandes obras del teatro para niños del siglo XX, salvo algunas excepciones, han dejado de ser accesibles en forma de libro. 

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La narración para niños. Narrativa Infantil y Juvenil. Género narrativo

La narración para niños

Introducción

El recién terminado siglo XX cambió de manera radical, sobre todo a partir de la Segunda Guerra Mundial, la visión, la creación y la producción de la literatura destinada a los niños y jóvenes en Europa. La transformación iniciada perdura, en cuanto a sus principales rasgos, en el siglo que estamos. 

Esta nueva etapa se caracteriza porque se inicia un crecimiento espectacular de la producción de obras de Literatura Infantil y Juvenil (LIJ) y, en relación con el siglo anterior, supone la superación del didactismo moralizante y el triunfo de la imaginación en un número notable de creaciones destinadas a los niños y jóvenes. La Literatura Infantil y Juvenil, todavía hoy día, resulta difícil de analizar, debido al desequilibrio entre la abundante producción y publicaciones y la carencia de estudios críticos rigurosos, así como la falta de perspectiva histórica en muchos casos. 

En España, muerto el dictador Franco (1975), y tras el restablecimiento de la democracia (Elecciones Generales y Constitución Democrática), se vive un nuevo contexto cultural y una modernización del mercado que propician la radical transformación del sector tanto cuantitativa como cualitativamente. Desde los años 70, la producción editorial española se empieza a preocupar seriamente por la calidad del texto y de la ilustración y se esfuerza por la presentación formal de las obras. Editoriales españolas muy destacadas, aunque con muy diferente poder económico, son Lumen, Labor, Altea, Alfaguara, Destino, Juventud, SM, Lóguez Anaya y Santillana. Sus publicaciones combinan dos tipos de libros principalmente: los de gran formato con tapas duras y cuidadas imágenes a todo color y los encuadernados en rústica, con escasas ilustraciones y a una sola tinta. Para la edición de los primeros, álbumes y cuentos ilustrados, las editoriales destinan habitualmente colecciones especiales. A estas grandes empresas se unen pequeñas editoriales, generalmente muy selectivas y cuidadosas en cada título. Es el caso de Aura Comunicación, Timun Mas, Kókinos, Siruela o Kalandraka. Sus libros están destinados al niño, pero cada vez más tienen en cuenta la visión del adulto que es quien compra y valora en la mayor parte de las ocasiones. 

Aun cuando son muchos los aspectos no estudiados en el proceso de crecimiento y en la realidad actual, se pueden señalar algunos cambios muy notorios que transforman por completo la literatura infantil y juvenil anterior. Entre ellos destacamos la coexistencia de tendencias muy variadas, el abandono de un mensaje pedagógico explícito en una proporción destacable, la pujanza del álbum ilustrado y la creación intensiva de novelas cortas para niños en coexistencia con el consolidado género del cuento. Coordenadas importantes del cambio son la influencia de las traducciones en la evolución de los modelos literarios en nuestro país y el poder, muchas veces abusivo y condicionante, de las editoriales en la marcha del sector. Otros rasgos que también adquieren relevancia son la ampliación y novedad temáticas que dan cabida a temas tradicionalmente silenciados (amor, sexo, guerra, marginación, vgr.) y un tratamiento que busca la implicación personal del lector. También la importancia del álbum con o sin texto, el auge sin precedentes de la perspectiva humorística y lúdica y la renovación y experimentación formal hasta el punto de modificar sustancialmente el papel del lector. 

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Rasgos característicos de la poesía infantil. La poesia y los niños. El lenguaje poético y la infancia.

La poesía y los niños.

El lenguaje poético y la infancia. Rasgos característicos de la poesía infantil. Poesía de tradición oral. Poesía de autor. Poesía y creatividad infantil. La poesía en la escuela. Actividades prácticas.

Breve aproximación al tratamiento de la poesía en el aula 

Tal y como se menciona en el tema 1, no es hasta los años ochenta cuando se reconoce la importancia de la literatura en la escuela. Ahora bien, no todos los géneros literarios han sido desarrollados de igual manera. Muchos autores señalan el papel secundario que se le ha otorgado a la poesía a pesar de su importancia en la formación del niño. En este sentido, Pérez Daza (2011)5 señala que, a pesar de que la poesía es un género importantísimo a la hora de desarrollar las competencias lectora, escrita y literaria de los jóvenes en edad escolar, ha sido casi siempre olvidado. Selfa, M. y Azevedo, F. reclaman la necesidad de “reivindicar este género como clave en la educación literaria del público más joven” (2013, p. 57). Hay autores que aún van más lejos en esta idea. Por ejemplo Martín, P. A. y Coello, A. Ma. (2003, p. 118) parafraseando a Víctor Moreno (1998) escriben “¿quién conoce una sola aula donde se lea y escriba poesía con la misma intensidad y consideración curricular que se lee y escribe narrativa?” 

Cuando hablamos de poesía no estamos refiriéndonos sólo a la lectura del texto literario, sino a toda su dimensión expresiva, especialmente la oralidad y la musicalidad. Este género, junto con el teatral, permiten desarrollar de una manera especial las competencias relacionadas con la expresión oral, fundamental en la comunicación humana. Trigo, J. M. (1988) ya remarcaba que este aspecto de la lengua oral “ha sido siempre la cenicienta en el proceso de enseñanza-aprendizaje de la lengua materna”. Este mismo autor incidía aún más en esta idea, reclamando que debemos poner de manifiesto la capital importancia que supone para el alumno desarrollar una buena competencia en la comprensión y expresión de su lengua hablada, lo cual es responsabilidad de la escuela. Para Martín, P. A. y Coello, A. Ma. (2003): El salto a la palabra escrita se vuelve para muchos traumático. La musicalidad y el juego son sustituidos por los tan conocidos métodos de comentario de texto que nos llevan por caminos alejados de la intuición poética e impiden que el alumno sienta como suyo el texto literario. (p. 118) 

Estas ideas aparecen reflejadas actualmente en el enfoque comunicativo de la enseñanza de la lengua. Algunos impulsores de este modelo como Cassany, D. (2005), señalan que tradicionalmente la lengua se ha considerado un conjunto cerrado de contenidos recogidos en la gramática. Frente a este paradigma, proponen otro enfocado a “mejorar capacidades de comprensión y producción textual de los estudiantes y desarrollar sus capacidades como oyentes y hablantes reales” (Zebadúa, M. L. y García, E., 2012, p. 17). Si bien es verdad que la poesía ha formado parte de los currículos educativos desde los Programas Renovados de la E.G.B (M.E.C.:1980), en la práctica estos quedaban en poco más “que una manifestación de buenas intenciones” (GómezVillalba, E., 1993, p. 109). La poesía infantil moderna ha tenido un escaso desarrollo en nuestro país y su papel se ha dejado muchas veces en manos del folclore (Colomer, T., 2010). A pesar de que, como se ha visto, la poesía viene siendo reconocida en los currículos oficiales desde hace más de treinta años, la realidad es que ha estado supeditada a la voluntad del profesor, a sus propias experiencias y formación. Esto ha provocado que, unas veces por ignorancia, otras por miedo o por desidia, la poesía ha sido la gran olvidada en las aulas. Para Gómez, F. E. (1993) en este sentido hemos de valorar la falta de sensibilidad estética de una buena parte de los docentes, así como el mínimo cultivo que del arte de la lengua se practica, amén del desconocimiento general de los principios esenciales de la creación literaria y de los recursos didácticos aplicables a la poesía. 

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Literatura Infantil: géneros literarios

Literatura Infantil y géneros literarios

Corpus textual

La Literatura Infantil como corpus diferenciado en el conjunto de la literatura se ha formado en un proceso de siglos. Distinguiremos dos grandes grupos: 

  1. a) La literatura no creada para los niños, pero que ellos han hecho suya. Es la literatura denominada «ganada», «recuperada», en definitiva, la «adoptada» por los niños. Son las creaciones (orales y escritas) que no nacieron para ellos, pero que, a lo largo del tiempo, se han apropiado y también las que los adultos les destinaron, previa adaptación no siempre afortunada. Aquí se incluyen en primera fila los cuentos populares tradicionales y la poesía folclórica, también el mundo de las fábulas y muchas novelas, especialmente las de aventuras. Es el caso de los cuentos recogidos por Perrault, los Hermanos Grimm o Afanasiev; las nanas, coplas, adivinanzas, retahílas, canciones de juego… que forman el repertorio folclórico del pueblo; las múltiples versiones que se han hecho de relatos aventureros: La isla del tesoro (Stevenson), El libro de la selva (Kipling), Robinson Crusoe (Defoe), Los viajes de Gulliver (Swift) y casi la obra completa de Julio Verne, Emilio Salgari, Jack London o Melville. También obras del realismo decimonónico (Dickens, Marc Twain) que tienen a los niños como protagonistas. 
  2. b) La literatura creada para los niños, dedicada expresamente a ellos bajo la forma de, cuentos, novelas, poemas, obras de teatro, historietas, libros de imágenes. En su intento de adecuación al niño los adultos, durante muchos años, le han ofrecido literatura bajo el viejo lema de Comenius (1658) de «instruir deleitando» y la finalidad didáctica de prepararle como hombre del mañana. Esos libros aburridos y fastidiosos no perduran. En cambio permanecen relatos muy antiguos nacidos de la imaginación porque el niño siempre ha sabido defenderse de las lecturas edificantes. Aquí se encuentran clásicos de la literatura infantil universal como Andersen, Collodi, Lewis Carroll, Richmal Crompton o James Barrie con sus inolvidables relatos: El patito feo, Aventuras de Pinocho, Alicia en el país de las maravillas, Aventuras de Guillermo y Peter Pan. Y todos los autores actuales que crean una literatura basada en lo que el niño es y no en lo que se pretende que sea, dirigida a darle placer y respuesta a su problemática vital. Se editan con regularidad catálogos y guías bibliográficas que seleccionan las mejores obras de la cuantiosa producción actual. Son recomendables los de la Asociación de Maestros Rosa Sensat, Fundación Germán Sánchez Ruipérez y la Internationale Jugend Bibliothek, así como los de las revistas especializadas Bookbird, Nous voulons lire, CLIJ o Peonza. 

Para las primeras edades, pero con incursiones cada vez más frecuentes en otras etapas, es muy importante la producción actual basada en las imágenes y los recursos y novedades gráficas, con texto muy reducido o inexistente, que se dirige a la globalidad cognitiva y sensoperceptiva del niño para introducirlo de forma lúdica en el mundo de la lectura. Todo un mundo de sugerencias en torno a los álbumes figurativos, los relatos ilustrados y los libros-juguete: libros musicales, con bichitos, realizados con un material distinto en cada página, libros -teatro, libros acordeón, libros puzzle, lavables, hinchables… 

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