Archivos de Categoría: Ciencia y Filosofía

Cargar la batería del móvil mientras vas caminando por la calle

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¿Nunca has deseado cargar el teléfono móvil en un momento en el que no es posible? Por ejemplo, vas escuchando tu música preferida por la calle y te das cuenta que tienes que cargar urgentemente el teléfono, y estás a dos horas de tu casa… La solución la tenemos gracias a la empresa Instep Nanopower, que ha fabricado un zapato con cargador de móvil instalado dentro del mismo.

Esta nueva técnica, llamada ‘electrohumectación invertida’, permite transformar la energía mecánica que provocamos al andar en energía eléctrica de hasta 20 vatios de potencia por cada paso. Instalando una “cosechadora” de energía en la planta del zapato y mediante la interacción de miles de microgotas (con una nanoestructura), consiguen convertir la energía mecánica en energía eléctrica. Lo han conseguido un grupo de científicos de la Universidad de Wisconsin-Madison, liderados por el Doctor Tom Kuprenkin.

El primer dispositivo estaría a la venta en un par de años, puesto que este ejemplar es sólo un prototipo de la empresa. Es un negocio de 17.000 millones de dólares, una gran inversión, pero bastante rentable si pensamos que estos zapatos no sólo tendran uso civil, sino que también estarán destinados para uso militar. Además, aseguran que el precio del zapato no excedería el coste del calzado en sí, por tanto estaría al alcance de cualquiera.

21 gramos de la muerte o peso del alma. 21 gramos que pierdes al instante de tu muerte

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Está comprobado científicamente que un cuerpo antes de morir pesa una determinada cantidad y que, justo después de morir, ese mismo cuerpo pierde la cantidad exacta de 21 gramos. Lo realmente impactante es que en todos los cuerpos se pierde la misma cantidad, independientemente de su peso, presión arterial, capacidad pulmonar, etc.

Según las investigaciones del doctor Douglas McDougall, esos 21 gramos que toda persona pierde en sus últimos instantes de vida y que escribió en su ‘Teoría del peso del alma’ de 1927, son, según él, el alma que se ha separado del cuerpo carnal de la persona. Su teoría fue basada en experimentos con numerosos enfermos terminales en sus últimos minutos de vida, que fueron pesados antes y después de morir. En todos los casos se había perdido la misma cantidad, 21 gramos.

Saliendo de esta explicación algo relacionada con el mundo del alma, tenemos también opiniones de varios científicos que postularon la idea de que esos 21 gramos era el aire que exhalaba la persona justo al morir, pertenecían al aire de los pulmones. Esta idea fue rechazada posteriormente, ya que no todo el mundo tiene la misma capacidad pulmonar ni el mismo aire en el momento exacto de su muerte. Teorías de este tipo se han rechazado científicamente, lo cual nos deja un tanto perplejos.

Obsolescencia programada. Productos que dejan de funcionar al tiempo. Chip de obsolescencia, productos programados

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Imagina que adquieres un producto en el mercado (por ejemplo, un teléfono móvil) y este empieza a darte problemas pasados los 18 meses desde su compra. Tiras el teléfono móvil y vas a comprarte otro, además de comprarte una impresora y un microondas. Pasados otros 18 o 24 meses el teléfono móvil empieza a darte problemas, la impresora te da un error al llegar a un determinado número de impresiones o tiempo, y finalmente el microondas deja de calentar a los cuantos años. ¿Casualidad? ¿Todo te pasa a ti? ¿Cómo puede pasar esto si sabemos que dos años se multiplican por dos o tres los conocimientos en altas tecnologías?

Pues bien, todo esto es algo normal.. Normal desde el punto de vista de los vendedores de productos, ya que instalan pequeños chips (llamados chips de obsolescencia) que programan la vida útil del objeto electrónico. Aunque no siempre instalan estos chips, en la mayoría de casos utilizan componentes internos de mala calidad que hacen que un producto moderno dure mucho menos tiempo que uno antiguo. Por ejemplo, un teléfono móvil que empieza a ir lento cuando tiene un año, un secador de pelo que empieza a funcionar mal, un microondas que deja de calentar lo suficiente al cabo de un tiempo, una impresora que pide una reparación que cuesta hasta tres veces más que su precio en el mercado, etc. Lo cierto es que, en resumen, la principal utilidad de este chip es obligar al usuario a que renueve el producto y que si le ha gustado ese mismo producto de esa determinada marca (por sus prestaciones), que vuelva a comprar ese mismo aparato o uno más sofisticado de la misma marca. Con esto consiguen unos aparatos muy buenos pero con una corta vida útil. No era mentira eso que decían los ancianos “las cosas de antes duraban más que las de ahora”, puesto que tenían toda la razón. Debido a que hacen cosas bastante buenas, no se pueden permitir el lujo de que nos quedemos con ellas todo lo que el producto daría de sí, ya que por esta regla de tres podríamos tirarnos con un teléfono móvil hasta 10 años, ya que si lo cuidamos y el dispositivo posee grandes características técnicas, éste móvil nos podría durar perfectamente todo ese tiempo. ¿Qué ocurre entonces? Pues que durante esos 10 años no comprarías ningún móvil porque el tuyo va perfecto, y eso no es bueno para el “mercado”. Ellos desean que vuelvas a comprarte otro, y a ser posible de la misma marca.. de forma que repitas este proceso constantemente en intervalos de tiempo muy pequeños, sabiendo perfectamente que los productos anteriores les quedaba el 60% o 70% de su vida útil.

EN APARATOS ELÉCTRICOS COMUNES

Sigamos con el ejemplo de los aparatos eléctricos. Si tu compras una impresora a fecha de hoy, sabiendo que hay millones de euros detrás de cada marca investigando sobre una impresión perfecta, impresoras con menos ruido y más sensibilidad en los inyectores, alta calidad de impresión con menos tinta, etc., no te explicas por qué una impresora que te has comprado hoy deja de funcionarte en cuatro o cinco años y que la anterior impresora que tenías te duró nueve o diez años. Esta gran diferencia —y que a la vez es sospechosa puesto que lógicamente un producto nuevo, al incorporar tantas mejoras técnicas, debería durar hasta cinco veces más que un producto antiguo— es debida al chip de obsolescencia, que lo único que hace es programar la fecha de muerte del aparato (no es muy común) o programar la fecha en la empezarán a aparecer “fallos” que harán que repares tu aparato o compres uno nuevo (esto es lo más común). En el caso de la impresora, sorprende que por cualquier fallo te digan que la reparación cuesta 100 € y que comprarte una nueva son sólo 50 €, lógicamente piensas que algo falla…

EN AUTOMÓVILES

No puedes entender cómo tu coche que tiene más de quince años no te ha dado ningún fallo (sólo de mantenimiento y reparaciones debido al desgaste del mismo) y que tu coche que tiene seis años haya tenido bastantes fallos. El problema, como hemos dicho en el apartado anterior, vuelve a ser porque tu viejo coche no tiene tecnología para funcionar y el nuevo sí la tiene. Una vez que acaba la garantía del vehículo, normalmente empieza a darte fallos inexplicables, que de hecho puedes llegar a pensar “¿y por qué no me lo ha hecho mientras estaba en garantía?”, pues querido amigo, es porque estaba todo programado. Un pequeño icono rojo te informa de que existe un “fallo” en el vehículo y que debes acercarte al taller oficial lo más pronto que puedas. Justamente aquí, el vehículo empezará a darte fallos que no tienen explicación y que te cuestan entre 100 y 300 euros cada vez que vas al taller. Es cierto que otras muchas veces es debido a fallos de verdad, pero éstos fallos normalmente siempre están dentro de la garantía (o no), puesto que el vehículo que pasa dos años sin fallos es un vehículo que tiene unas buenas prestaciones.

De hecho, hoy en día hacen coches que parecen acorazados.. No hay manera de que pueda romperse su motor ya que son motores durísimos, que aguantan altas revoluciones y todo tipo de aventuras y perfiles de conductor. Hace unos años cuando ibas a acceder al puesto de mecánico te preguntaban si sabías instalar o cambiar cilindros y pistones ya que eran los típicos problemas de los coches. Ahora te piden si sabes de tecnología para cambiar y reponer los sensores de fallos nuevos en los coches. Todo está relacionado con la tecnología. Ahora los coches dan fallos debido a que están envueltos en una red muy extensa de cableado y ordenadores que tienen totalmente programado el coche para que en una fecha exacta empiece a dar fallos. Es sorprendente.

Suicidio. Señales de peligro


Una persona efectúa un intento de suicidio cuando, de forma voluntaria e intencional, lleva a cabo una acción concreta para quitarse la vida, aunque con ella no logre tal cometido. Es posible que se trate efectivamente de un intento de quitarse la vida, pero en otros casos el individuo no quiere realmente morir y el intento sirve como expresión de una búsqueda de ayuda desesperada frente a una situación que le resulta insuperable. Todas las indicaciones verbales de intento de suicidio (amenazas de suicidio) ya sean directas o indirectas, deben ser consideradas seriamente, dado que, de cada 10 personas que se quitan la vida, 8 han anunciado su intención de hacerlo previamente.
Se observa una diferencia con referencia al suicidio en ambos sexos, ya que es mayor el número de hombres que el de mujeres que consuman el suicidio, mientras que los intentos de suicidio son más frecuentes en el sexo femenino que en el masculino. Los hombres suelen utilizar métodos más violentos (armas de fuego, ahorcamiento, precipitación o despeño y ahogamiento), mientras que las mujeres suelen utilizar fármacos y venenos o seccionamiento de venas.
Un grupo de riesgo elevado son los adolescentes, los ancianos, enfermos y pacientes que presentan trastornos mentales. Las tasas de suicidio fluctúan de forma estacional, con mayor número durante la primavera.
En cuanto a las causas, si bien existen múltiples y diversos factores involucrados, tanto físicos como psíquicos y sociales, cabe destacar que la depresión es la que con mayor frecuencia se relaciona con la conducta suicida, puesto que esta alteración está presente en la mitad de los casos de suicidios consumados. También existe peligro de suicidio en algunas enfermedades psiquiátricas graves, como la esquizofrenia. La drogadicción puede considerarse una conducta autoagresiva y no  es raro que aboque a un suicidio consumado. El padecimiento de enfermedades crónicas, dolorosas e incapacitantes se relaciona con el 20% de los suicidios consumados.
Los factores que se asocian con las crisis suicidas son:
-Ideas y comportamientos suicidas.
-Depresión o sentimiento de desesperanza y sensación de falta de ayuda.
-Ansiedad.
-Estilo de vida solitario.
-Situación de pánico o agitación.
-Comportamiento suicida previo (el 25 % de los individuos que han hecho un intento previo de suicidio finalmente lo consiguen).
-Pérdida reciente de un ser querido.
-Dolor psíquico, estrés intolerable.
-Enfermedad física crónica.
En la vida de los ancianos suelen existir muchos factores de riesgo de suicidio:
-Aislamiento social.
-Problemas económicos.
-Múltiples enfermedades crónicas.
-Depresión.
-Se sienten poco útiles y pasan a adquirir un papel familiar secundario tras la jubilación.
-Miedo a la dependencia de los demás o al ingreso en alguna institución geriátrica.
-Múltiples pérdidas familiares y de amigos.
El número de suicidios entre adolescentes está aumentando en la actualidad. Aproximadamente el 90% de los adolescentes que intentan el suicidio son niñas. El método de elección suele ser una sobredosis por medicamentos. El suicidio es raro en niños menores de 9 años, elevándose bruscamente la incidencia a partir de 14 años.
Los problemas familiares suelen estar presentes en la mayoría de los casos de adolescentes suicidas, aunque este comportamiento también tiene relación con desengaños amorosos, decepciones con amigos, divorcio o separación de los padres, malos tratos físicos o psíquicos, falta de unión familiar, muerte de algún ser querido…
En la mayoría de los casos las actitudes suicidas en adolescentes suelen ser actos impulsivos que buscan la atención o ayuda de los padres u otras personas. Los niños y los adolescentes más jóvenes suelen esconder un deseo de castigar a otros, de inculparlos de su muerte.
El aislamiento social puede ser un factor significativo para distinguir aquellos adolescentes que con mayor probabilidad intentarán el suicidio.

Tratamiento y prevención
Es extremadamente importante valorar el riesgo de suicidio y el grado de letalidad del posible intento.
La principal predicción de un intento de suicidio letal es un intento previo.
También indica letalidad un plan concreto, por lo que conviene averiguar los siguientes puntos:
-¿Tiene el sujeto decidido algún método?
-¿Están los métodos al alcance del individuo?
-¿Ha decidido dónde y cuándo realizar el acto suicida?
Ante la sospecha, pueden hacerse las siguientes preguntas:
-¿Cómo te va la vida?
¿Cómo te sientes?
-¿Desearías abandonarlo todo?
-¿Has pensado alguna vez en dejarlo correr todo?
-¿Has deseado alguna vez estar muerto?
-¿Has pensado alguna vez en poner fin a tu vida?
-¿Cuándo? ¿Cómo?
En caso de sospecharse que el paciente sea un suicida potencial, no debe dejársele solo hasta que disponga del adecuado apoyo y protección.
La depresión se halla presente en cerca del 95% de los intentos de suicidios y debe tratarse urgentemente si se quieren prevenir futuros intentos.

René Descartes. Racionalismo y reglas del método

Este filósofo y científico francés ha sido considerado como “padre de la Filosofía Moderna”. La clara definición de sus fines y la amplitud de su proyecto son rasgos característicos del pensamiento cartesiano. Su proyecto inicial pretende el logro de una ciencia universal. Así pues, el proyecto cartesiano va a concretarse bajo un lema: la unidad de la ciencia, que planteará en un contexto matemático. El desarrollo del pensamiento cartesiano constituye una progresiva explicitación y fundamentación de este proyecto inicial de unidad entre todas las ciencias. Descartes no acepta los cimientos del conocimiento aceptados por sus predecesores y por ello se esfuerza por construir un nuevo edificio filosófico, asentado sobre cimientos firmes.

 

Este proyecto cartesiano de elaboración de una ciencia universal, nace en gran medida como reacción frente a la filosofía escolar de su época que Descartes percibe como caracterizada por el desacuerdo en casi todas las cuestiones. Por otra parte, rechaza la lógica silogística que había imperado durante toda la escolástica. De este modo, frente a la idea escolástica, según la cual los procedimientos deben adecuarse a los distintos objetos de cada ciencia, Descartes considerará que el método ha de ser único, es decir, común en sus reglas para todas las ciencias. La raíz principal de su racionalismo consistirá, precisamente, en postular la conveniencia de un método: un método general que daría la unidad de la ciencia universal.

El método expresa la estructura de la razón humana, tal y como ésta puede aplicarse al conocimiento verdadero de los objetos, y por eso mismo sustenta a cualquier ciencia. El método es el fundamento de la ciencia universal y, por lo tanto, el núcleo de su racionalismo. No hay conocimiento, ya sea en el ámbito científico o filosófico, que no pueda ser racional, es decir, expuesto conforme a las reglas del método. Para buscar dicho método, su referencia fundamental serán las matemáticas: desde su juventud había cultivado las matemáticas, observando que las proposiciones matemáticas no deben su verdad a la experiencia, sino a la razón (“verdades de razón”). Considerará que únicamente en las matemáticas se pueden encontrar verdaderas demostraciones, es decir, ciertas y evidentes. De aquí surge su propósito de crear una especie de matemática universal, liberada de los números y de las figuras, para que pueda servir de modelo a todos los saberes. En este contexto de crítica y de recuperación de las ciencias matemáticas hay que leer el pasaje en el que Descartes, en su “Discurso del Método”, afirma que quiere inspirar el método del nuevo saber en la claridad y el rigor típicos de procedimientos geométricos: “Aquellas largas cadenas de razonamientos, todas ellas sencillas y fáciles, de las que se suelen servir los geómetras para llegar hasta sus más difíciles demostraciones, me habían dado la ocasión de imaginar que todas las cosas que el hombre puede conocer se producen del mismo modo y que, si nos abstenemos de aceptar por verdadera una cosa que no lo es, y siempre que se respete el orden necesario para reducir una cosa de otra, no habrá nada que esté tan lejano que al final no pueda llegarse allí, ni nada tan oculto que no pueda descubrirse.

Así pues, las matemáticas le sirvieron de paradigma o modelo en la búsqueda de unas primeras verdades absolutamente ciertas que le sirvieran de apoyo en la reconstrucción del edificio de la ciencia y la filosofía.

La filosofía significa el estudio de la sabiduría, que es entendida como un todo: “toda filosofía es como un árbol cuyas raíces son la metafísica, el tronco la física y las ramas que salen de ese tronco todas las demás ciencias, que se reducen a tres principales: la medicina, la mecánica y la moral (…), que es el último grado de la sabiduría”. Así pues, Descartes se decide por una filosofía que asegure el conocimiento perfecto de todas las cosas que el hombre puede saber, tanto para la conducta de su vida (moral), como para la conservación de su salud (medicina) como para la invención de las artes (mecánica). Si toda la casa se derrumba, si se hunden la vieja metafísica y la vieja ciencia, entonces el nuevo método aparecerá como el principio de un saber nuevo, que está en disposición de impedir que nos perdamos en ciertas formas de escepticismo. Es urgente, pues, diseñar una filosofía que justifique la confianza en la razón, una filosofía capaz de encontrar la verdad fundamentándose en un método universal y fecundo. Descartes llama la atención sobre el fundamento, porque de éste depende la amplitud y la solidez del edificio que hay que construir y contraponer al edificio aristotélico, sobre el cual se apoya la tradición filosófica anterior. Lo que urge poner en claro es el fundamento que permita un nuevo tipo de conocimiento de la totalidad de lo real, por lo menos en sus líneas esenciales.

En síntesis, el proyecto cartesiano propugna la unidad de todas las ciencias, que dependen de un único método obtenido a partir del modelo que ofrecen las matemáticas. Descartes consagra la razón como fuente principal de conocimiento y seguro criterio de verdad. Sobre tales principios racionalistas apoya, a su vez, su método que será, a un mismo tiempo, punto de arranque y meta de su filosofía. En este sentido, Descartes hace del método matemático el método de todo lo real: sustituye la complejidad de lo real por las ideas claras y distintas. Las ideas serán los modelos a los que debe ajustarse la realidad, o bien serán la misma realidad. De esta manera, el pensamiento será la condición del ser y el “cogito” (tal y como analizaremos) será el principio o punto de partida del que se deducirá todo lo real.

Tal y como ya hemos señalado, el método es el gran principio unificador en el sistema cartesiano, pues revela su teoría de la ciencia única. En sus Reglas para la dirección del espíritu señala que “antes que hacerlo sin método, es mejor renunciar a buscar verdad alguna”. Como la inteligencia es la misma en todos los hombres, el método debe ser uno y universal, no limitado a materia alguna en particular, sino aplicable a todo conocimiento. El método tiene como principal objetivo facilitar el uso natural de la razón que, abandonada a sí misma, no se equivoca.

Descartes concibe el método como un camino seguro que nos llevará a un conocimiento perfecto, proporcionándonos certeza y evidencia, pues “toda ciencia es un conocimiento cierto y evidente”. Así pues, entiende el método como un conjunto de reglas ciertas y sencillas que impiden tomar jamás un error por una verdad. En este sentido, afirma: “Entiendo por método reglas ciertas y fáciles, mediante las cuales el que las observe exactamente no tomará nunca nada falso por verdadero y, no empleando inútilmente ningún esfuerzo de la mente, sino aumentando siempre gradualmente su ciencia, llegará al conocimiento verdadero de todo aquello de que es capaz” (Reglas para la dirección del espíritu). Teniendo en cuenta esta definición, apreciamos que las ventajas de este método son que:

  1. evita el error llevándonos a la verdad con seguridad
  2. permite aumentar los conocimientos verdaderos
  3. es sencillo.

Para Descartes, “intuición” y “deducción” son las dos operaciones fundamentales de la mente; si bien hace todo lo posible por intentar reducir esta última a la primera. El método consiste en reglas para emplear correctamente estas dos operaciones mentales. La finalidad del método consistirá en posibilitar el ejercicio de la intuición, y en señalar la manera adecuada de realizar deducciones, así como en seguir el orden. Con ello colocará a la mente en el umbral mismo de la ciencia.

Reglas del método

          1ª regla. Constituye tanto el punto de partida como el punto de llegada del método. Dice así: “Nuca acoger nada como verdadero, si antes no se conoce que lo es con evidencia: por lo tanto evitar la precipitación; y no establecer juicios que estén más allá de lo que se presenta ante mi inteligencia de forma clara y distinta excluyendo cualquier posibilidad de duda”. Esta primera regla se convierte así en el principio normativo fundamental, porque todo debe converger hacia la claridad y la distinción, a las que precisamente se reduce la evidencia. ¿Cuál es el acto intelectual mediante el cual se logra la evidencia? Es la intuición, que Descartes describe de la siguiente forma: “No es el testimonio fluctuante de los sentidos o el juicio falaz de la imaginación, sino un concepto de la mente pura y atenta, tan fácil y distinto que no queda ninguna duda alrededor de lo que pensamos”. El acto intuitivo, la intuición, se autofundamenta y se autojustifica, ya que tiene como garantía la transparencia entre razón y contenido intuitivo. Se trata de aquella idea clara y distinta que refleja “sólo la luz de la razón”, sin que todavía se haya puesto en relación con otras ideas, sino considerada en sí misma. El objetivo de las otras tres reglas consiste en llegar a esta transparencia mutua.

          2ª regla. “Dividir todo problema que se someta a estudio en tantas partes menores como sea posible y necesario para resolverlo mejor”. Se trata de un defensa del método analítico, el único que nos puede llevar hasta la evidencia, porque al desmenuzar lo complejo en sus partes más sencillas, permite que el intelecto despeje todas sus dudas. La intuición necesita de la simplicidad que se logra a través de la descomposición de lo complejo. Descartes llama “simple” aquello cuyo conocimiento es tan claro y distinto que la mente no puede dividirlo más. Si lo verdadero está mezclado con lo falso, el método analítico deshace tal mezcla liberando lo verdadero.

          3ª regla. Al análisis le debe seguir la síntesis. “La tercera regla es la de conducir con orden mis pensamientos, comenzando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ascender poco a poco, hasta el conocimiento de los más complejos, suponiendo que hay un orden”. Se trata de reconstruir un orden o de crear una cadena de razonamientos, que van desde lo sencillo hasta lo compuesto y que no pueden dejar de tener una correspondencia con la realidad. ¿Cuál es la importancia de la síntesis? Puede parecer que a través de este doble trabajo no surge nada realmente nuevo, ya que acabamos por encontrar el mismo objeto del cuál habíamos partido. En realidad ya no es el mismo objeto: el compuesto reconstruido es otra cosa, ya que está penetrado por la luminosidad transparente del pensamiento.

          4ª regla. “La última regla es la de efectuar en todas partes enumeraciones tan complejas y revisiones tan generales que se esté seguro de no haber omitido nada”.

          Todo el método consiste en seguir un orden, es decir, en reconducir las proposiciones oscuras a las más simples, y en ascender a continuación, gradualmente, de lo más simple a lo más complejo, apoyándose siempre en la intuición y en la deducción. La intuición es una visión o mirada precisa e indubitable, concepción de un espíritu atento y puro, conocimiento directo o inmediato, que permite tomar una cosa como verdadera al captar su idea clara y distintamente. Es clara una idea (contenido espiritual u objeto de pensamiento en tanto que pensado) presente y manifiesta para un espíritu atento. Por su parte, una idea es distinta cuando nos aparece de manera precisa y diferente a todas las demás. El proceder de Descartes descansa, pues, en la evidencia, es decir, en el carácter de lo que se impone inmediatamente al espíritu y entraña su asentimiento. Junto a la intuición es necesaria también la deducción racional: operación discursiva que supone un camino, una demostración o encadenamiento lógico o sucesión. La deducción representa un movimiento ordenado que va de proposición en proposición, un lazo establecido entre verdades intuitivas.

Las cuatro reglas que expone Descartes en su “Discurso del Método”, son reglas simples que subrayan la necesidad de que se tenga una plena conciencia de los pasos mediante los cuales se articula cualquier investigación rigurosa. Constituyen el modelo del saber, porque la claridad y la distinción evitan los posibles equívocos o las generalizaciones apresuradas. A tal efecto, ante los problemas complejos y ante fenómenos confusos, hay que llegar hasta los elementos más simples, que no pueden descomponerse más, para que queden iluminados por la luz de la razón.